En mi opinión, uno de los motivos que hacen que se viva en un modo
plagado de insatisfacciones, de vacíos a los que no se puede dar
respuesta, en una inquietud inconsolable que reclama en forma de
disgusto inexplicable, es el hecho de no tener un Plan de Vida, un
Camino trazado por el que avanzar, unas ideas que sirvan de guía, o un
propósito bastante definido que nos acerque al bienestar y la
satisfacción interna.
Pasamos uno tras otro los días que componen
nuestra vida, prestándoles la mínima atención la mayoría de las veces,
atendiendo sólo de vez en cuando a una importante reclamación interna
que sólo en contadas ocasiones se atreve a pedir que se le escuche, y
vamos erráticos por nuestra vida como si estuviésemos obligados a
vivirla tal como llega y sin poder intervenir en su desarrollo.
Nos movemos arrastrados por la costumbre, más atentos a esquivar los
inconvenientes que a marcar el Camino, más temerosos ante lo que pueda
venir que diseñadores de lo que queremos hacer con este mágico regalo
que es la vida.
Evitar una vida errática requiere tomar
consciencia de nosotros, obliga a tener atención y voluntad,
conocimiento preciso del sentido que le queremos dar a nuestra vida,
caminar en una dirección deseada y precisa –sobre todo, deseada- para
que tengamos la tranquilidad y la satisfacción de verificar que estamos
haciendo lo que en alguna parte sabemos que queremos hacer o que, por
nuestro bien, tenemos que hacer.
Por tanto, para saber,
necesitamos hacernos preguntas de esas que asustan un poco por su
grandiosidad y por nuestro complejo de inutilidad ante ellas. ¿Cuál es
el sentido que quiero para MI vida? (Evitando preguntas solamente
intelectuales y filosóficas como ¿Cuál es el sentido de la vida?)
¿Qué sentido quiero que tenga?
¿Qué quiero poner en ella, qué promocionar, qué eliminar?
¿Qué estoy haciendo realmente de lo que quiero hacer?
Y lo que hago ahora… ¿me acerca hacia lo que deseo… o me aleja o me distrae o me frustra?
¿Soy constante cuando me marco objetivos?
¿Soy consciente de mi responsabilidad en mi vida?
¿Sé lo que quiero?
¿Hago lo que sé que tengo que hacer y lo que quiero hacer?
No hay que tener miedo a las preguntas ni a las respuestas. Sólo si uno
se hace las preguntas se puede encontrar con las respuestas. Y sólo si
hay respuestas para esas preguntas se pueden tomar las decisiones
correspondientes a encaminar la vida, los deseos, y el propósito
verdadero, hacia el encuentro con lo que se quiere.
¿Estoy viviendo mi vida?
¿Estoy perdiendo mi vida?
¿Soy consciente de que mi vida es mía?
¿Sé que puedo hacer con ella lo que quiero?
Y me refiero a la parte de la vida que depende de mí. Hablo tanto del
corpóreo que está en el mundo, como de quien soy interior o
espiritualmente.
Me refiero al Ser Humano en su conjunto que se
encuentra, como casi todos, con aspectos que no dependen de él y tiene
que acatar de algún modo, pero que dispone de una libertad muy desusada
para regir su modo de ser y vivir, sus pensamientos, sus actuaciones,
sus repuestas a lo que le pasa, sus aspiraciones, la consecución de sus
sueños factibles…
Tomar la responsabilidad de la vida propia le
permite a uno reconducir el Camino errático incrementando la agradable
sensación de ser dueño de su destino, la amable impresión de estar
haciendo lo que verdaderamente marca la conciencia, y la emoción
indescifrable de reencontrarse con la Sabiduría Interna que conoce
nuestro Camino y siempre lo ha estado gritando a nuestros oídos sordos.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
sábado, 3 de abril de 2021
NO VIVAS UNA VIDA ERRÁTICA (Por Emma Fernandez)
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