Desde el momento en que nacemos
comenzamos a morir lentamente. Entonces la muerte como tal no existe,
solo es una transformación del estado físico al etéreo. El yo esencial
se libera, y la muerte, es el nacimiento de una nueva aventura. Un nuevo
cambio.
La muerte, además del vacío que nos ocasiona, la asociamos con el dolor
físico de la persona que nos deja y con el dolor emocional de quienes
nos quedamos. Tenemos muy arraigadas las memorias de dolor y sufrimiento
y nos puede ayudar a comprender que la muerte no es un final y siempre
es una liberación.
En las creencias que conservamos por lo general La muerte no es el enemigo, nuestro enemigo es el miedo a la muerte.
El Amor es dejar libre al otro, intentar soltar el apego, por difícil
que parezca, la separación es solo una ilusión. Tomarlo como un viaje de
aventuras a tierras lejanas con la certeza que la persona que se
marcha, se va en paz.
Todos estamos unidos y entrelazados aunque no lo podamos percibir y tan
solo estamos experimentando distintas facetas del ser, somos parte de la
totalidad, somos la fuente experimentándose a sí misma.
Perder el miedo a la muerte y entregarnos al Amor, es el único camino
hacia la paz, es la única manera para que nuestra aventura mientras
dure, nos traiga felicidad. Siempre regresaremos a casa.
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