Para que cualquier actividad o
relación permanezca armoniosa y exitosa, debemos saber en qué momento
intervenir y en cuál retirarnos. Como un jardinero, que planta las
semillas de su jardín, y en el momento preciso actúa, las planta, las
riega, y luego se retira de la escena, y permite que la naturaleza
continué su trabajo. Sin embargo, de vez en cuando interviene otra vez
para ver si hay suficiente agua, si los insectos están atacando las
plantas, o si se necesita alguna otra
cosa. Su papel es encontrar el espacio apropiado para que nazcan las
semillas, con su potencial belleza y su singularidad.
Él no crea las flores, sino que facilita su expresión. Él no
interviene demasiado, ya que eso podría causar interferencias. Después
de plantar las semillas, no pide que haya un resultado inmediato, o no
espera al día siguiente para ir y ver si han nacido. Hace su papel,
cumple con su tarea, pero luego suelta y deja que las cosas sigan su
curso, ya que entiende que el hecho de que surjan las flores no depende
de él. Por supuesto, no se aparta demasiado tiempo, si lo hiciera, las
plantas podrían morir por falta de atención, y los insectos y las malas
hierbas podrían acabar con las plantas.
No deja ir demasiado ni
se separa mucho tiempo, de forma que pudiera quedarse aislado del
proceso. Sabiendo cuándo que germine lo bueno y positivo y crezca y se
desarrolle en su propio momento. Es un arte el saber cuándo intervenir y
cuándo retirarse.
miércoles, 20 de octubre de 2021
REFLEXIÓN, DEJAR CRECER (Por La Página de la Vida)
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