Hay un momento en el que nada externo llena.
Ni el trabajo, ni el dinero, ni las pantallas, ni los planes.
El alma pide otra cosa.
Y es ahí donde empieza lo verdadero.
Cuando ya no puedes seguir huyendo hacia fuera.
Cuando el ruido ya no te anestesia.
Cuando el vacío deja de asustarte… y empieza a hablarte.
Ese vacío no es un error.
Es el portal.
La puerta a tu autenticidad, a tu sentido.
Pero solo si tienes el valor de quedarte con él y escucharlo.
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