En mi opinión, nos hemos acostumbrado a emitir un juicio sobre cada una
de las cosas que vemos o que nos afectan, y es un juicio que
generalmente emitimos desde la creencia de estar plenamente acertados y
en posesión de la verdad y la iluminación infinitas.
Cuando
alguien emite un juicio, está totalmente convencido de que lo que está
diciendo es irrebatible, porque es SU verdad, o sea, LA GRAN E INFALIBLE
VERDAD.
Y no somos conscientes de que esos Juicios Rápidos que
emitimos –por lo general con condena o consejo-orden ya incluidos- están
emitidos desde una mente que no es clara del todo, que no dispone de
una ecuanimidad sensata que aporte claridad y justicia, que está
infectada por condicionamientos, y que funciona desde una visión parcial
e interesada y desde unas creencias generalmente obtusas y
cuadriculadas que no están abiertas al discernimiento, a la comprensión,
a la mesura, a una clarividencia que permita apreciar correctamente, a
la valoración del otro punto de vista, y a la comprensión de las
circunstancias personales que han llevado al otro a hacer lo que se está
juzgando.
Y lo que debiera ser nada más que una opinión o un
punto de vista, se convierte en un veredicto que es un decreto
convencido de que lleva la justicia en sus venas.
Actuar de ese modo es, por supuesto, una insensatez.
Lo apropiado es darse cuenta, sin emitir juicios. Sólo observar.
Y ser capaz de ver más allá de lo aparente.
Lo honorable es no juzgar y no condenar.
El Ser Humano, y no olvides que tú también eres un Ser Humano, es un
cúmulo de contradicciones, es inexperto en casi todas las materias de la
vida, es voluble, inseguro –aunque esa inseguridad pretenda ocultarla
tras una “seguridad” que en realidad es agresividad-, se equivoca, en la
mayoría de sus “errores” no hay mala intención sino desconocimiento, y
actúa con buena intención en muchas ocasiones aunque los resultados de
sus actuaciones hagan creer lo contrario.
Conviene recordar que
cada Ser Humano está condicionado por todo el cúmulo de sus
circunstancias y por su pasado, y conviene comprender y reconocer que si
uno mismo hubiera estado en el lugar del otro, y hubiera tenido su
misma vida, sus mismas experiencias, sus mismas vivencias, su misma
educación, sus mismos problemas… hubiera actuado exactamente igual.
Exactamente igual. Y es así.
“En aquellos días dijo Jesús: «Sed
compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis
juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis
perdonados.”
COMPRENDER, esta es la clave.
Comprender:
Encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de otro. Hay
que aceptar que son sus actos y que tiene sus razones, aunque no estén
de acuerdo con nuestra mentalidad, nuestras normas o nuestros deseos. El
otro es el otro. No tiene por qué ser yo ni por qué ser como soy yo.
Comprender: Entender, alcanzar o penetrar algo. Ir más allá de lo que
la cosa aparenta. Captar lo que hay en el trasfondo. Ser abierto de
mente y transigente. Aceptar la humanidad y su tendencia habitual a no
ser conscientes de todas las cosas y todos los actos.
Lo que el
otro haga o piense o diga es su asunto, y no tenemos por qué
inmiscuirnos, ni por qué convertirnos en directores de sus vidas y sus
decisiones; no tenemos que decidir por el otro ni decretar cuáles han de
ser sus actuaciones ni de qué modo.
Vivir desde la observación aporta tranquilidad a la propia vida.
La función de cada uno en el mundo es vivir su vida, y no la de los otros mientras desatiende la propia.
La observación atenta a la vida permite darse cuenta de las cosas que
de otro modo pasarían desapercibidas, y está muy bien que uno se fije en
los otros porque son un excelente modelo del que aprender lo que uno
quiere hacer o lo que no quiere hacer. Hasta ahí es correcto, y está muy
bien. Cuando puede dejar de ser correcto es cuando uno dictamina sobre
lo ajeno, y más teniendo en cuenta que uno nunca conoce todos los
entresijos del otro ni todas las circunstancias que le han llevado a ser
como es y actuar como actúa.
Al igual que nosotros, los otros
tienen en esta vida su camino de aprendizaje y hay que respetar el modo
en que deseen hacerlo. Nunca sabremos si lo que a nosotros nos parece un
error resulta que para el otro es lo mejor que le puede suceder a largo
plazo. Nosotros podemos opinar –si nos lo piden- aportando nuestro
punto de vista, pero sin pretender defenderlo como verdad suprema ni con
ánimo de imposición.
Es conveniente permitir que cada uno
aprenda por su cuenta, decida por sí mismo, y gobierne su vida del modo
que considere adecuado. Para algunas personas esto va a resultar muy
difícil.
A modo de sugerencia, recomiendo a los salvadores de
vidas ajenas que se entretengan en revisar la suya propia. Tal vez
encuentren que las cosas que tanto les molestan en los otros de algún
modo están en la suya.
Te dejo con tus reflexiones…
jueves, 18 de septiembre de 2025
APRENDE A VIVIR SIN JUZGAR (Por Emma Fernandez)
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