En mi opinión, en ocasiones
somos capaces de llegar a tergiversar la realidad con naturalidad
convirtiéndonos en cómplices de nuestras propias mentiras y
auto-engaños, inventando verdades que no son ciertas, pasando por alto
la parte de la realidad que no nos agrada, y poniendo a la vista y en
primer plano algo que se asemeja al ideal que nos gustaría ser.
El Yo Ideal es, básicamente, el Yo que nos gustaría ser. El que contiene en su base el ideal al que aspiramos. Lo Ideal es la excelencia, la culminación, el modelo perfecto.
Pero… el Ideal sólo existe en la imaginación y no en la realidad. Y no
existe porque está construido con aquello que no es posible, eso que
sólo se queda en la utopía, una aspiración que queda lejos de nuestro
alcance.
El Yo Ideal sería la culminación de todas las cualidades
pero, además, sublimadas, llevadas al límite de la culminación
divinizada. Y somos Humanos. Y como Humanos esa perfección no queda a
nuestro alcance debido a las limitaciones que la propia humanidad nos
impone, a lo que se añaden las limitaciones de nuestro modo de ser,
nuestra limitada inteligencia, o nuestra situación personal.
El Yo Ideal es quien nos gustaría ser y como nos gustaría que nos vieran –y apreciaran y admirasen- los otros.
Reúne todas nuestras aspiraciones y expectativas, nuestros sueños
quiméricos, la idea magnífica que sólo podemos contemplar en la
ilimitación fantasiosa de nuestra imaginación. Pero… la realidad no
permite que eso sea así.
Está bien tener aspiraciones y deseos de mejoramiento. Está muy bien.
Está bien que uno quiera ser la mejor versión de sí mismo. Está muy bien.
Lo que no está bien es mostrar como cierto lo que no es cierto,
preocuparse de mantener una imagen idílica pero irreal en vez de dedicar
ese mismo tiempo y esfuerzo a un mejoramiento real; no está bien
manifestar ese Yo Ideal en vez de manifestarse uno tal como es.
No basta con parecer, con aparentar, con fingir… eso no ayuda. Eso
estanca. Así no se avanza. Hay que ser valiente y esforzarse por ser uno
mismo.
La integridad –que es el hecho de ser uno recto, honrado e
intachable- es la referencia a la que debemos y podemos aspirar. Ser
íntegro y ser digno son unas aspiraciones de referencia. Para mí, las
mejores, son imprescindibles. Son un buen objetivo por el que
esforzarse. Y la conciencia es una excelente aliada para conseguirlo.
Y de ese modo, potenciando esas y otras cualidades, es como uno empieza
a SER y ya no necesita seguir aparentando, o sea, fingiendo.
Este es un asunto que requiere que le prestes atención.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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