A veces, la bendición de Dios no está en lo que te da…
sino en lo que te quita.
Te quita personas que tú querías conservar,
pero que estaban apagando tu luz.
Te quita caminos que tú insistías en seguir,
pero que te estaban alejando de tu propósito.
Te quita oportunidades que parecían buenas,
pero que por dentro venían cargadas de orgullo, ansiedad y destrucción.
Y duele.
Porque al principio no lo entiendes.
Lo llamas pérdida.
Lo llamas castigo.
Lo llamas abandono.
Pero con el tiempo descubres que Dios no siempre responde agregando.
A veces responde removiendo.
Remueve lo que te distrae.
Remueve lo que te rompe.
Remueve lo que te manipula.
Remueve lo que te aleja de la paz que Él quiere para ti.
No todo lo que se fue era una bendición.
A veces era una cadena disfrazada de amor.
Una carga disfrazada de compañía.
Una trampa disfrazada de oportunidad.
Por eso, cuando algo salga de tu vida, no siempre corras detrás.
Ora. Respira. Observa.
Quizá Dios no te está dejando vacío.
Quizá está haciendo espacio.
Porque nadie puede recibir algo nuevo con las manos llenas de lo que ya no sirve.
Confía.
A veces Dios no te está quitando para destruirte.
Te está quitando para salvarte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario