Aquel
que ha pasado por cosas muy duras no es "pobrecito". Es rico, muy rico
en experiencias, en agallas, en valentía. No destila lástima, sino que
destila admiración y coraje. El maestro de la vida no está en los
estrados, ni es aquel que lee mil libros, ni da discursos, es aquel que
estuvo, que caminó, que sabe. No le han dicho como sabe la lluvia, se ha
empapado. No le han dicho cómo se siente la pérdida, la ha sentido
hasta los huesos. No le han desglosado lo que es el dolor ni el
diccionario le ha explicado lo que es la vida. Simplemente ha caminado,
ha respirado, se ha animado, y con su ejemplo es digno de admiración y
respeto. No es pobrecito, es rico, riquísimo y abundante en vida misma.
Sin certificados ni diplomas, sin bombos ni platillos, sin envestiduras
ni títulos, su mirada lo dice todo, y lo vemos en el subte, en la calle,
en el bar, en todos lados, si estamos atentos, lo veremos, su mirada
tiene la profundidad de la vida misma, honda como el mar, vasta como el
Cosmos mismo, sabia, sin juicios, lista para ser captada para el que
está abierto. Tenga la edad que tenga, viva donde viva, sea hombre o
mujer, lo hallarás e identificarás por sus ojos. Lástima no, señores,
admiración.
Julieta Suarez Valente.
(
Mar Jimenez)
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