lunes, 15 de junio de 2026

LA SOLEDAD Y EL ENCUENTRO (Por Caminando Junto a la Vida)

 

La soledad y el encuentro
Por el Dr. Hugo Rizzo
Todos, alguna vez, nos hemos sentido solos en medio de la multitud. Es una de las paradojas más humanas: estar rodeados de personas y, aun así, sentir la distancia. Quizás porque la verdadera cercanía no se mide por la presencia de los otros, sino por la profundidad con la que somos comprendidos.
Todos hemos experimentado la sensación de que nadie entiende del todo lo que ocurre en nuestro interior. Y tal vez sea porque cada ser humano habita un universo irrepetible, una historia que solo puede ser contada parcialmente con palabras.
Por eso, en algún momento, todos hemos necesitado la soledad.
Vivimos en una época que teme al silencio y llena cada instante de ruido, pero es en el silencio donde aparecen las preguntas esenciales. ¿Quién soy cuando nadie me observa? ¿Qué queda de mí cuando se apagan los aplausos, las exigencias y los roles que interpreto cada día?
Los días grises también tienen su belleza. Nos recuerdan que la vida no está hecha únicamente de plenitud, sino también de pausas, de búsquedas y de incertidumbres. Sin sombra no comprenderíamos la luz, y sin ausencia no valoraríamos la presencia.
A veces es bueno abrazarse a uno mismo. No por egoísmo, sino por reconciliación. Porque nadie puede habitar nuestra alma por nosotros. Hay caminos que deben recorrerse en compañía, pero hay otros que solo pueden transitarse en soledad.
Quizás la paz no sea encontrar todas las respuestas, sino aprender a convivir con algunas preguntas. Quizás la felicidad no sea la ausencia de tristeza, sino la capacidad de darle un sentido a cada experiencia.
Y entonces comprendemos que la soledad no siempre es un vacío. A veces es un espacio sagrado donde el ser humano se encuentra consigo mismo, escucha su propia verdad y vuelve a respirar.
Porque solo quien aprende a estar consigo mismo puede, después, encontrarse verdaderamente con los demás

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