Hay personas que te llaman cuando te necesitan, pero desaparecen cuando tú las necesitas.
Te buscan por tu tiempo, tu paciencia, tu ayuda y tu corazón… pero nunca por quién eres.
Y lo más doloroso es que muchas veces tardas años en darte cuenta.
A las malas aprendí que ser bueno no hace que te amen.
Hace que algunos crean que siempre estarás disponible para ser usado.
El día que aprendes a poner límites, muchos dejan de llamarte “buena persona” y empiezan a llamarte “egoísta”.
Pero no es egoísmo.
Es respeto por ti mismo.
𝗔𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱í 𝗮 𝗽𝗼𝗻𝗲𝗿 𝗹í𝗺𝗶𝘁𝗲𝘀.
Porque el día que aprendes tu valor, dejas de regalar tu tiempo, tu energía y tu paz a quien nunca los supo apreciar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario