Todos hemos confiado alguna vez en alguien que ha terminado
haciéndonos daño. Tras este episodio, seguramente hemos dicho que nunca
más “volveríamos a caer” en el mismo juego. No sólo estamos hablando de
decepciones amorosas, sino de todo tipo.
Sea cual sea el caso, lo
normal es que la decepción profunda nos deje también una herida profunda
que va a tardar en cicatrizar. Un daño que a menudo tiene que ver con
la confianza, una de las cosas más difíciles de restaurar.
Después de una decepción, habitualmente cerramos las puertas a nuevas
experiencias por miedo a volver a sufrir. Es por ello que muchas
personas prefieren o eligen no encariñarse con alguien pensando que así
minimizan el riesgo de ser lastimados de nuevo.
Los psicólogos
llaman a esta elección el “efecto chubasquero”. Puede ocurrir cuando
hemos dado lo mejor de nosotros mismos a nuestra pareja y nos ha
engañado con otra persona, cuando somos completamente honestos con un
amigo y nos clava un puñal por la espalda o cuando sufrimos el abandono
de nuestros padres o familiares. Desgraciadamente, aunque no sea ninguna
de estas tres situaciones, seguro que has experimentado esa sensación.
Un refrán popular dice “el que se quema con leche, ve una vaca y llora”
y algo similar se puede aplicar a este efecto chubasquero. Haciendo
una comparación, la leche sería una decepción y la vaca, una persona.
Esto quiere decir que por más que esa vaca en el campo no haya sido la
productora de la leche que nos quemó, igualmente nuestra quemadura nos
hará sufrir y recordar ese hecho tan doloroso.
Otra de las
consecuencias de cerrar con cinco llaves y candados las puertas y las
ventanas de nuestra casa es que las personas que nos rodean se
empezarán a alejar de nosotros. Pensaremos que nos han abandonado o que
todos son malos, sin embargo, será nuestra propia barrera la que retire a
varios kilómetros de distancia a los seres que realmente nos importan y
que se preocupan por nosotros.
Nadie dice que sea sencillo
sobreponerse a una decepción, especialmente cuando es amorosa, pero es
preciso empezar a quitarse el chubasquero cuando no hay tormenta en el
cielo, para poder así disfrutar de la brisa y del sol del mediodía.
No estaremos logrando nada positivo si nos encerramos en nosotros mismos y no permitimos a nadie que “entre en nuestro refugio”
miércoles, 20 de julio de 2022
LA DECEPCIÓN (Por Jean Jacques Agnaud)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario