Doy
y luego recibo (de muchas formas). Pero no doy con el objetivo
imperioso de recibir. Doy simplemente con la intención de dar, desde mi
propia completud. Si espero recibir (con ansiedad) no estoy dando, y me
estoy engañando.
Dar
esperando ansiosamente lo mismo de vuelta es carencia. Es un no dar
encubierto. Es pedir engañando al otro. Un “toma” que en realidad es
“dame”. Y dar es dar. Dar. DAR. Además, dar ya implica recibir, pero si
doy esperando recibir algo concreto, aún no comprendo qué significa DAR.
Pregúntate desde dónde das, para qué das y qué esperas a cambio cuando
das. Pregúntate si hay carencia o abundancia en ese dar. Pregúntate si
liberas al otro o lo atas mentalmente con lo que esperas alcanzar.
No.
La mayoría de las veces no sabemos dar. Lo que hacemos es pedir,
fingiendo que deseamos dar. Y si no obtenemos a cambio lo que deseamos,
lo que habíamos “dado” pasa a ser una mera trivialidad. Un triste
intercambio en el que solo hay vacío, miedo e inseguridad. Escasez
teñida de corazones. Sonrisas que ocultan necesidad…
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Javier López Alhambra
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