Si queremos comprender los múltiples significados que presenta la
palabra "confianza" debemos alejarnos del ámbito exclusivo de la
producción, los intercambios comerciales y la distribución de la
riqueza. Esto nos permite demostrar que, incluso en el contexto de las
economías desarrolladas, los actos de los individuos no pueden reducirse
únicamente a la lógica del interés y que, tanto en el Norte como en el
Sur, la dimensión moral es necesaria para el buen funcionamiento de las
relaciones económicas y financieras. La confianza es una especie de
vínculo que deben asumir o establecer las redes y los mercados
financieros para poder funcionar.
La palabra confiance
(confianza) viene del latín clásico confidentia, que evoca la confianza
en sí mismo, la seguridad, una esperanza firme o incluso la audacia; a
través de la palabra del francés antiguo fiance nos ha llegado la idea
de foi (fe), que no debe tomarse en este contexto en un sentido
religioso, sino laico y psicológico. La palabra confidence (confidencia)
tiene este mismo origen y aunque los dos términos confianza y
confidencia (el inglés ha conservado este último) se separan en francés
en el siglo XVII y llegan hasta nuestros días con un significado
distinto, es posible todavía ver la relación entre ambos.
La confianza es una sensación que permite fiarse de alguien o de algo.
La confidencia se encuentra en el nivel de los sentimientos y los
proyectos y engloba la idea de secreto. No olvidemos que se confían no
sólo sentimientos sino también capitales y que se hacen o piden
préstamos de la misma manera que se confía algo a alguien o se confía en
alguien.
La confianza y la confidencia nos permiten fiarnos o
confiar en un confidente o en una persona de confianza. La confianza
necesaria a la confidencia se sitúa en el nivel de los contratos o de
los acuerdos tácitos entre las personas, en los que están presentes los
sentimientos de creencia, fe y seguridad.
Nos confiamos a alguien
del que nos fiamos, de la misma manera en que confiamos algo a alguien o
a una institución con la que compartimos un mismo estado de ánimo; esto
es lo que nos permite dar crédito a alguien o conceder un crédito a
alguien o, en un contexto totalmente diferente de las relaciones
sociales, comprometernos con alguien (se fíancer) (otro término con el
mismo origen: comprometer la palabra de uno, que refleja una serie de
compromisos mutuos).
La fe en las personas y/o en las instituciones parece ser un elemento clave.
Esta fe descansa en cuatro condiciones fundamentales: la legitimidad de
las normas, la creencia en el otro, la atribución de responsabilidad a
las partes y un saber mínimo común a los participantes. Recordemos, no
obstante, que la fe de la que hablamos no es solamente la buena fe de
las relaciones interpersonales.
La confianza varía en intensidad.
Es preciso referirse al grado de confianza, de desconfianza y de
recelo. Solamente de manera excepcional puede decirse que existe una
confianza total o nula, salvo en el caso de los héroes místicos o
míticos y del individuo que no confía ni en los seres humanos ni en las
cosas y que, como algunos personajes de novela, pretende aislarse de las
relaciones de amor y de amistad y situarse fuera del mundo, incapaz de
tejer vínculos de confianza.
Los vínculos de confianza pueden
englobar a un número más o menos elevado de individuos que mantienen
relaciones personales o definidas exclusivamente por posiciones
institucionales. La variación de la amplitud de la confianza modifica su
naturaleza y por consiguiente el tipo de confianza. La confianza
mantiene una relación dialéctica con la proximidad, que es un factor
generador de confianza
martes, 13 de septiembre de 2022
LA CONFIANZA (Por Leon Wenborne)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario