martes, 13 de septiembre de 2022

LA CONFIANZA (Por Leon Wenborne)

 Si queremos comprender los múltiples significados que presenta la palabra "confianza" debemos alejarnos del ámbito exclusivo de la producción, los intercambios comerciales y la distribución de la riqueza. Esto nos permite demostrar que, incluso en el contexto de las economías desarrolladas, los actos de los individuos no pueden reducirse únicamente a la lógica del interés y que, tanto en el Norte como en el Sur, la dimensión moral es necesaria para el buen funcionamiento de las relaciones económicas y financieras. La confianza es una especie de vínculo que deben asumir o establecer las redes y los mercados financieros para poder funcionar.
La palabra confiance (confianza) viene del latín clásico confidentia, que evoca la confianza en sí mismo, la seguridad, una esperanza firme o incluso la audacia; a través de la palabra del francés antiguo fiance nos ha llegado la idea de foi (fe), que no debe tomarse en este contexto en un sentido religioso, sino laico y psicológico. La palabra confidence (confidencia) tiene este mismo origen y aunque los dos términos confianza y confidencia (el inglés ha conservado este último) se separan en francés en el siglo XVII y llegan hasta nuestros días con un significado distinto, es posible todavía ver la relación entre ambos.
La confianza es una sensación que permite fiarse de alguien o de algo.
La confidencia se encuentra en el nivel de los sentimientos y los proyectos y engloba la idea de secreto. No olvidemos que se confían no sólo sentimientos sino también capitales y que se hacen o piden préstamos de la misma manera que se confía algo a alguien o se confía en alguien.
La confianza y la confidencia nos permiten fiarnos o confiar en un confidente o en una persona de confianza. La confianza necesaria a la confidencia se sitúa en el nivel de los contratos o de los acuerdos tácitos entre las personas, en los que están presentes los sentimientos de creencia, fe y seguridad.
Nos confiamos a alguien del que nos fiamos, de la misma manera en que confiamos algo a alguien o a una institución con la que compartimos un mismo estado de ánimo; esto es lo que nos permite dar crédito a alguien o conceder un crédito a alguien o, en un contexto totalmente diferente de las relaciones sociales, comprometernos con alguien (se fíancer) (otro término con el mismo origen: comprometer la palabra de uno, que refleja una serie de compromisos mutuos).
La fe en las personas y/o en las instituciones parece ser un elemento clave.
Esta fe descansa en cuatro condiciones fundamentales: la legitimidad de las normas, la creencia en el otro, la atribución de responsabilidad a las partes y un saber mínimo común a los participantes. Recordemos, no obstante, que la fe de la que hablamos no es solamente la buena fe de las relaciones interpersonales.
La confianza varía en intensidad. Es preciso referirse al grado de confianza, de desconfianza y de recelo. Solamente de manera excepcional puede decirse que existe una confianza total o nula, salvo en el caso de los héroes místicos o míticos y del individuo que no confía ni en los seres humanos ni en las cosas y que, como algunos personajes de novela, pretende aislarse de las relaciones de amor y de amistad y situarse fuera del mundo, incapaz de tejer vínculos de confianza.
Los vínculos de confianza pueden englobar a un número más o menos elevado de individuos que mantienen relaciones personales o definidas exclusivamente por posiciones institucionales. La variación de la amplitud de la confianza modifica su naturaleza y por consiguiente el tipo de confianza. La confianza mantiene una relación dialéctica con la proximidad, que es un factor generador de confianza

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