En mi opinión, hay personas –no
todas, afortunadamente- que han encontrado su zona de confort en un
sufrimiento en el que han decidido instalarse a perpetuidad, y
cualquier alternativa que se les ofrezca para que la abandonen es
automáticamente rechazada y hasta justifican el rechazo.
Hay personas –no todas, afortunadamente- que caen en eso que se
denomina “Indefensión Aprendida”, que es un tipo de comportamiento que
desarrollan algunas personas por el que se sienten incapaces de
reaccionar y actuar ante cualquier situación que les agreda, por
dolorosa que sea, porque en su convencimiento interno están seguras de
que no van a poder afrontarlo, ni cambiarlo, y creen o están
convencidas de que sólo les queda la opción de padecerla como mejor
puedan, y por ello se inhiben ante la situación y se quedan pasivos.
Como su propia definición indica es “Aprendida”, o sea que no forma
parte de la naturaleza del Ser Humano, y es algo que lo mismo que en
algún momento se ha decidido incorporar –voluntaria o involuntariamente-
también se puede modificar o eliminar.
Para ello hay que ejercer una re-decisión, y cambiar aquello que se
decidió hacer –casi siempre sin ser muy consciente de ello- en las
situaciones conflictivas en las que uno se ve en inferioridad de
condiciones para afrontarlas, marcado por sus miedos o por sus dudas,
afectado por la inexperiencia o por una baja autoestima.
Conviene ser conscientes de esos momentos en que nos quedamos aferrados
al sufrimiento y no nos podemos mover, no sabemos dar un paso
coherente, y no somos capaces de ver una solución o una salida.
Tenemos que comprobar cuáles son los mecanismos o impedimentos que nos
mantienen en esa situación de sufrimiento, qué es lo que nos impide
salir de esa cárcel sufriente en la que nos quedamos voluntariamente
encerrados, y entonces borrar todos los mandatos que nos hemos
impuesto.
Conviene aprender y poner en práctica nuevos comportamientos –algo
imprescindible a la vista de que los actuales no nos resultan
beneficiosos-, y empezar a enfrentar y resolver conflictos, comenzar a
deshacernos del sufrimiento en vez de aceptarlo desde la rendición
anticipada, y aprender –o desaprender- todo aquello que nos ayude –o
nos impida- salir de la espiral autodestructiva en la que nos enreda el
sufrimiento.
Conviene tener confianza en uno mismo –y comprobar si es un asunto de
falta de autoestima o es que unos miedos inútiles e irrazonables nos
mantienen cautivos-, y ser muy conscientes de que cualquier cambio
requiere un esfuerzo, y dejar de creer en ese engaño de que las cosas
cambian por sí mismas, de que sólo dependen del azar el presente o el
destino de cada uno, de que cualquier intento de oponerse a lo
indeseable está condenado al fracaso.
Conviene tener unas expectativas optimistas con respecto a uno mismo y
las propias posibilidades, y aplicar todo el esfuerzo que salir del
sufrimiento requiera, porque el resultado compensa cualquier sacrificio.
No son el azar, ni el destino, ni el futuro, quienes van a sacarnos de
nuestros estados desagradables. No somos las víctimas predilectas de la
fatalidad, ni estamos predestinados a la desgracia. Nuestra vida es
nuestra responsabilidad. Y esto ya lo he escrito mil veces.
Salir del sufrimiento también es nuestro cometido y nuestra incumbencia.
Y esto se logra comprometiéndose con uno mismo a cambiar o quitar o
añadir cuanto sea necesario, y realizando lo que ello requiera; para
ello es necesario averiguar qué hacemos de un modo inconsciente que nos
perjudique, para remediarlo e impedir que se siga perpetuando su
nefasta influencia, y es necesario mandar en nuestros pensamientos en
vez de conformarnos con soportar sus errores y su tiranía.
Hay que cambiar los pensamientos recurrentes perniciosos, y revisar
todo aquello que hagamos o pensemos de un modo inconsciente, sin
decidirlo libremente. Y hay que deshacerse del drama y del
sometimiento.
Somos Seres Humanos en continua evolución, y eso implica progresar hacia mejor y deshacerse de todo aquello que lo impida.
Hay que eliminar los pensamientos negativos o catastrofistas, los
miedos, las rutinas, los auto-impedimentos, y todo aquello que nos
paralice ante cualquier tipo de agresión.
Hay que buscar alternativas, soluciones, tomar decisiones, salir de la
apatía o de esa Indefensión Aprendida, promocionar nuestro beneficio y
quererlo siempre para nosotros, espantar los pensamientos agoreros que
nos hacen creer que perderemos siempre, que estamos mal predestinados,
que la felicidad no nos corresponde.
La fuerza ya está dentro. Las decisiones y la voluntad las tiene que aportar cada uno.
De ti depende.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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