¿MAGOS...HECHICEROS...BRUJOS...VIDENTES?
Hombres que vuelan. Hombres que leen los pensamientos. Hombres que
curan, transforman la materia y alteran las leyes del mundo físico. Bajo
las siete llaves de la historia, yace el secreto de la magia, el arte
que hace que algunos hombres y mujeres sean especiales, vean y hagan los
que los mortales comunes sentimos como milagros.La ciencia pasó siglos
negando que esta facultad existiera, para acabar llamándola percepción
extrasensorial, telekinesia, telepatía. Y seguimos así, ni un paso más
cerca de entender la verdad del misterio. Nuestra imagen del mago es
medieval: un hombre alto, con largo bonete y amplia capa bordada de
estrellas, musitando frases cabalísticas mientras cuece en su caldero
raros ingredientes. Este personaje de largas barbas, cuyo estereotipo es
Merlín, que asistió a Arturo, rey de Cumbria y fundador de la Mesa
Redonda, representa el mago dueño de la sabiduría tradicional.Este
conocimiento, secreto por naturaleza, es el mismo que tienen los
chamanes de naciones tradicionales, de tribus y clanes. Pero hay otros
personajes que intimidan con sus habilidades personales. No son
representantes de una tradición, de un pensamiento alternativo a la
religión, sino individuos que pueden hacer cosas inexplicables.Un caso
es el famoso Uri Geller, el israelí que dobla cucharas y activa relojes
rotos concentrando su mente. Nacido en 1946 en Tel Aviv, la vida del
alto y flaco Geller está signada por lo esotérico y por la guerra (de
niño vivió la de independencia y la de 1956, y sirvió con distinción en
la de los Seis Días de 1967). A los cuatro años, sin saber bien por qué,
miró con intensidad una cuchara y la dobló en un ángulo de 45 grados.
Sus padres, sentados en la mesa sin más idea que pasar la comida en
familia, quedaron mudos de asombro. Era el primer despunte de una
carrera a la fama.
Geller ocultó celosamente sus raras habilidades,
aunque la familia lo sabía y pedía frecuentes demostraciones. Recién al
volver de la guerra, y con 22 años cumplidos, Geller decidió ganarse el
pan con sus poderes y comenzó a recorrer el mundo dando exhibiciones, a
ganar muchos millones y a desafiar a los mejores científicos del mundo.
¿Cuál es la habilidad de Geller?
Definida como telekinesis, se
define como el poder de controlar los objetos mentalmente y es uno de
los atributos naturales de los magos (aunque el israelí reniega el
título, prefiriendo el más moderno de "mentalista"). Geller dobla
metales (llaves, cucharas) y activa relojes muertos del mismo modo en
que paraliza relojes que funcionan perfectamente.
Como sus
exhibiciones probaron ser extraordinariamente populares, Geller fue
atacado como un farsante y un mago engañoso. Los profesores Harold
Putthoff y Russell Targ, del Instituto de Investigaciones de la
Universidad de Stanford, en Estados Unidos, le dieron a Geller la chance
de probar su veracidad cuando le propusieron un experimento con
computadoras, guardias, cámaras y todo el aparataje necesario para
lograr la objetividad de la observación.
Aislado en una cámara
desnuda y bajo el ojo de una videocámara, Geller adivinó los dibujos que
mentalmente le enviaban los profesores desde otra cabina a 500 metros
de distancia. No había posibilidad de otra comunicación que no fuera
mental, ya que la prestigiosa universidad quería determinar de una vez
por todas si la parapsicología era o no una ciencia. Geller acertó todos
los dibujos: los profesores diseñaban algo sobre un papel y se
concentraban; Uri también se concentraba y con su papel dibujaba lo
mismo. Una y otra vez. El experimento fue tan exitoso que se repitió
adivinando números que una computadora creaba al azar y, más tarde,
indicando qué formas gráficas creaba la computadora. Con semejante
prueba de veracidad, Geller hasta fue contratado por compañías mineras
para ubicar desde el aire y por su don de rabdomancia dónde había
depósitos de minerales valiosos. El caso contrario al de Geller es el de
Harry Houdini, un mago profesional que siempre dijo que sus milagros
eran materiales y fruto de su entrenamiento, no de poderes, y que acabó
siendo una de las pruebas más fuertes de la existencia de la vida
después de la muerte, nada menos. Houdini era hijo de un humilde rabino
alemán que emigró a los Estados Unidos y ya desde su niñez mostró una
gran fascinación y talento por la magia. Adolescente, comenzó su
aprendizaje y los primeros pasos de su carrera. Eventualmente, sus
habilidades para abrir toda clase de esposas, cadenas y candados lo
proyectó a la fama y lo llevó a recorrer el mundo con actos cada vez más
peligrosos. Por ejemplo, Houdini era esposado, envuelto en una compleja
camisa de fuerza, encadenado por los pies y arrojado en un tanque de
agua helada. Con su prodigiosa capacidad de aguantar la respiración,
Houdini resistía hasta cinco minutos sumergido y siempre surgía
triunfante, arrastrando como trofeos sus cadenas ya abiertas. Amigo de
sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes y un devoto
espiritista, Houdini aprendió este raro arte y preparó un experimento
definitivo: le dio a su esposa Bess una clave secreta para que ella
pudiera reconocerlo en cualquier sesión espiritista. "Si yo muero antes
que tú, prometo hacer lo imposible para comunicarme contigo", digo
Harry. Por años después de la muerte de Houdini -que falleció tontamente
de una apendicitis- Bess buscó un médium que tuviera realmente la
capacidad de conectar con el otro mundo. Continúa en la 2ª parte. Saludos.
miércoles, 14 de septiembre de 2022
MAGOS...HECHICEROS...BRUJOS...VIDENTES...1ª Parte (Por Manuelita Verónica)
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