Descodificando al Amor
Constantemente vivimos inmersos en un
mundo lleno de códigos, y códigos de todo tipo. Ni siquiera nos damos
cuenta de ello, pues estamos habituados a que muchos de ellos son
convencionalismos ya sean: sociales, políticos, religiosos, económicos o
normas morales.
El amor es un código, o su forma de
compartirlo, de sentirlo, de vivirlo. Si el asunto se concentra en algo
tan noble como el amor, la cosa se complica. El amor es fácil de
pronunciar como palabra, pero difícil de distinguir entre su percepción y
manifestación.
Así que lo primero que hace falta es aceptar la
buena voluntad de que la otra persona realmente quiera amarme: como
esposo o esposa, como hijo o hija, como padre o madre, como amigo o
amiga… con una inmensa variedad de posibilidades, dependiendo del tipo
de relación que se tenga.
Pero, en esa actitud de benevolencia,
hace falta descifrar la manera de amar de la otra persona. Porque habrá
alguna que manifiesta su amor a través de palabras cariñosas, pero otro
lo hará mediante acciones, otro será proveedor, posesivo, controlador,
amoroso, cariñoso…
Así, entonces, el punto consiste en no tasar
el amor midiéndolo de acuerdo con “mis necesidades” sino de acuerdo con
la intención del otro. Obvio que es necesario, cuando se trata de un
amor que requiere reciprocidad, que se consiga cierto equilibrio.
Pero en principio no se tiene uno por qué negar la posibilidad de
entregarse a la otra persona, y de demostrarle cuánto me importa él o
ella.
Cuando hablamos de “descodificando al amor”, lo que
queremos decir es que las personas deben buscar sintonizarse, colocarse
en una misma frecuencia tal y como se sintoniza una emisora de radio,
con la manera como la otra persona expresa amor.
No hay nada tan
sublime como el amor, ya que no hay otra cosa que implique mayor entrega
y dedicación que la humildad del amor en si mismo.
Porque yo cambio mi centro de atención de mí al otro, o mejor dicho “al nosotros”.
Para estar en amor, la otra persona se coloca en una situación de
indefensión, de entrega plena cuando sale de sí, para mostrar su mundo
de valores y afectivo, sus sentimientos, pareceres, gustos, miedos…
Quien ama busca movilizar en el otro resonancias que provoca el
sentirse amado. Hay toda una entrega sublime. Así que, quien es amado,
si quiere estar en armonía, debe dejarse amar y corresponder en la misma
medida, dentro de lo posible, según su percepción...
Descodificar el amor es entender el valor de una palabra, un gesto o un regalo en el que un pedazo de alma se nos entrega.
Pretendemos que en ciertas relaciones, como es el caso de los esposos,
hijos o novios, la reciprocidad se manifieste y se valorice. Se supone
que un esposo sea capaz con el tiempo, si no se consiguió durante el
noviazgo, de entender la manera de manifestar su amor a la esposa, y
viceversa. O sea, saber la manera de llenar las necesidades afectivas de
su pareja, de hacerle sentir amada. Y para ello entender la forma
concreta de expresarlo (palabras, gestos, acciones…)
Pero también
sabemos que, ante el privilegio de ser valiosos y valiosas para
alguien, vale la pena valorar lo que la persona siente o expresa. La
persona que cuida nuestros vehículos cuando trabajamos puede manifestar
aprecio por nosotros esmerándose en cuidarlo y hasta lavarlo. Una
persona que tiene un negocio de comida rápida puede mostrar que hay una
relación especial cuando nos aconseja lo que cree que sea mas apetitoso o
mejor para nosotros.
¿Cómo sería este mundo y nuestra sociedad
si personas las entendiesen y valorasen la manera de amar de los otros?
Si pudiésemos manifestarles nuestro reconocimiento, independientemente
de si nosotros valorásemos o no esa especifica muestra de amor por
nosotros.
¡Qué negativo resulta ese egoísmo que nos mete en
nosotros mismos! ¡Qué necesario resulta que seamos capaces de emprender
el viaje que conduce de nuestro corazón al corazón del otro y que
armonicemos nuestra comunicación!
Queremos que nos amen según
nuestro “código”. Y queremos amar según el nuestro ¿No seria acaso más
fácil amar y dejarse amar con la espontaneidad de lo que somos y de lo
que esta?
Con frecuencia pensamos que tenemos que hacer grandes
actos de amor, o que debemos recibirlos de la misma manera. Y no nos
damos cuenta que son esos pequeños “detalles de amor” que pueden hacer
de nuestra vida plena. Detalles descifrables si respetamos los códigos
con que vienen elaborados.
Quizás tu compañero de trabajo no te
exprese verbalmente que te quiere, pero tiene el café listo para ti para
la hora en que llegues al trabajo. Quizás tu hijo no sepa expresarte el
afecto como tú quisieras, pero abre la puerta del garaje cada vez que
te ve llegar en tu carro de una dura jornada de trabajo. Y así podemos
seguir sintonizando la frecuencia del amor del otro.
¡Que enriquecedora sería nuestra vida si prestáramos más atención y aceptáramos con humildad los códigos del amor!
Es mejor haber amado y perdido
que jamás haber amado.
Alfred Tennyson Continúa en la 2ª parte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario