27. ¿La doctrina de la reencarnación es un descubrimiento reciente del espíritu humano?
− De ninguna manera. La humanidad siempre creyó en ella;
toda la antigüedad la profesó; los grandes iniciados lo enseñaron al mundo, y Jesús mismo se refiere a ella en su Evangelio.
28. Ya que vivimos muchas veces, ¿cómo es que no conservamos ningún recuerdo de nuestras vidas pasadas?
− Nuestra libertad disminuiría por la influencia del recuerdo de nuestro actos pasados.
29. Así, ¿por que fenómeno se produce en nosotros el olvido de nuestras vidas anteriores?
− En el momento en el que el espíritu se reencarna, es decir
cuando
vuelve a un cuerpo, a medida que penetra en él, sus facultades se velan
una tras otra; la memoria se borra y la conciencia se duerme. En el
momento de la muerte, se produce el fenómeno contrario. A medida que el
espíritu se desencarna, las facultades se sueltan una tras otra, la
memoria se recupera, la conciencia se despierta. Todas las vidas
anteriores regresan poco a poco a la conciencia del espíritu que acaba
de desencarnar.
30. ¿No existe ningún medio de provocar momentáneamente el recuerdo de las antiguas vidas?
− Si, por la hipnosis o el sueño artificial en grados diversos.
Sabios
contemporáneos hicieron y hacen todavía cada día experimentos
concluyentes que prueban la realidad de las existencias anteriores.
31. ¿Cómo se hacen estos experimentos?
−
Cuando un experimentador concienzudo e instruido encuentra un sujeto
apto a sufrir su influencia magnética, le adormece. Gracias a este
sueño, la vida presente queda momentáneamente suspendida; entonces, la
memoria de las vidas anteriores, adormecida en las profundidades de la
conciencia, se despierta, y el
sujeto hipnotizado ve de nuevo y cuenta todo su pasado.
Se han escrito libros enteros sobre estas preciosas revelaciones que nos hacen conocer las leyes del destino.
32. ¿Es necesario que la vida presente sea suspendida, adormecida, para que las vidas anteriores se revelen?
− Sí, como es necesario que el sol se acueste para que las estrellas,
escondidas en las profundidades de noche, aparezcan en nuestros ojos.
Leon Denis.
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