Como
semillas estelares, en muchas ocasiones nos preguntamos qué hacemos en
este mundo y, desde lo más profundo de nuestro ser, deseamos huir, huir
lejos y no retornar jamás a este extraño y desolador planeta. Nos cuesta
comprender las guerras, el desamor, el conflicto emocional, la
violencia, la muerte, la ignorancia, la soledad, la limitación... Sin
embargo, siendo totalmente comprensible lo anteriormente expuesto,
también debemos ser conscientes de que esta experiencia, como cualquier
otra en el Universo, tiene un sentido. No hemos nacido aquí por
casualidad, ni nos han abandonado a nuestra suerte con el único fin de
que pasemos un mal rato.
Realmente,
en la mayor parte de los casos somos "voluntarios", almas que han
decidido encarnar en el plano terrestre con el objetivo de experimentar
la materia, la densidad y la "imperfección". Almas que han vivido en
innumerables planetas y dimensiones y que, en el fondo de su corazón,
"saben" que la realidad no se termina en la Tierra ni en la muerte.
Puede que conscientemente no lo recordemos, pero, curiosamente, esas son
las reglas en este planeta: olvidar quiénes somos, de dónde procedemos y
por qué estamos aquí; zambullirnos en la ignorancia y en la
incomprensión, hasta que llegue el día en que nuestra alma (tal y como
programamos antes de encarnar) comience a hacerse preguntas y a atisbar
que esta no es la única realidad posible, y que, más allá de guerras,
desamor e ignorancia, se encuentran el amor, la sabiduría y la VIDA con
mayúsculas.
Estamos
aquí para recordarlo, para reconectar con nuestra luz y para añadir
nuestra conciencia estelar a la conciencia colectiva terrestre, tan
necesitada de esperanza y nuevas perspectivas. Cuando el ánimo decaiga,
hemos de ser conscientes de que esta experiencia, al fin y al cabo, es
pasajera, y de que cuando finalicemos nuestra misión regresaremos a
nuestro lugar de origen; en cualquier caso, nunca podemos perder de
vista que estamos aquí por voluntad propia: nosotros lo pedimos en su
momento, y nosotros, por tanto, hemos de ir adquiriendo la madurez
necesaria para adaptarnos y, en la medida de lo posible, disfrutar de
este bello planeta que temporalmente nos acoge. Algún "día", cuando todo
termine y por fin estemos de "vuelta", recordaremos esta experiencia
como una de las más enriquecedoras y fantásticas que hayamos podido
experimentar en nuestra eterna andadura por el Universo.
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