Si
te hablo desde la perspectiva de la semilla/alma estelar, la verdad es
que siempre me ha costado arraigarme en este mundo. Desde muy pequeño
tenía conciencia de “algo más”, de algo que no podía ver ni tocar, pero
que estaba ahí, muy cerca de mí. Me sentía apartado del resto, con una
comprensión de la realidad y una profundidad de sentimientos que me
hacía muy difícil conectar “normalmente” con los niños de mi edad. Y
todo aumentó a medida que fui creciendo: mi realidad y mi sensibilidad
se hicieron más amplias, más voluminosas, más complejas, cuando para las
personas que me rodeaban todo parecía ser demasiado sencillo, demasiado
simple, demasiado vulgar, demasiado cotidiano… Por un lado, estábamos
mi mundo “infinito” y yo, y por otro, el mundo reducido o “normal” de
los demás.
Yo
peleaba por integrarme en ese mundo “cotidiano”. Ese mundo de
costumbres, de lo que debe ser, de lo que uno debe mostrar… Pero no. Era
imposible. Imposible adaptarse a una realidad que no vivía ni sentía. Y
dolía. Dolía mucho sentirse apartado, sin poder compartir con nadie
este mundo interior, esta manera de sentir y de percibir, este modo de
“hablar” y de relacionarse con la realidad. Con el paso de los años, mi
“mundo” se llenó de planetas, de galaxias, de estrellas, de otras
realidades paralelas a la que vivimos en la Tierra. Mi sensibilidad, al
mismo tiempo, se fue acentuando, y comenzaron a surgir sincronicidades
increíbles y momentos de crisis, pues no terminaba de comprender el
sentido de lo que acontecía a mi alrededor. “Yo no soy de aquí”, me
decía, o, al menos, tenía la conciencia de que existían otras realidades
en las que sí encajaba, pero por lo que fuera, de momento, tenía que
estar aquí, en este planeta de contrastes y sucesos inexplicables para
mi mente. Tal vez lo había elegido así…
Mi
proceso de comprensión y “arraigo” continúa hasta el día de hoy, y, en
verdad, si te soy sincero, no es sencillo. No es sencillo vivir en un
mundo como este cuando sabes que existen otros, y cuando tu modo de
sentir y de percibir no puede ser compartido fácilmente con otras
personas. Pero esa era la idea: integrarse aquí y expresar aquí lo que
uno lleva dentro, para que otros también resuenen y se sientan
identificados, alineándose así con esas otras partes de su ser que tal
vez perdieron por el camino del “adulto” humano. Por eso, hoy, mi
mensaje es que sigas adelante, que todo está bien. Siempre estuvo bien.
Aunque ahora no lo creas ni lo veas. Pero tenía que ser así. Te quedan
muchas cosas que aportar y que vivir en este mundo, alma estelar, de
modo que no decaigas: tu modo de sentir y de percibir son necesarios, tu
sensibilidad es necesaria, y todo eso que tienes en mente hacer también
es necesario. Para ello encarnaste y para ello estás aquí. Te entiendo y
sé por lo que pasas. Tienes mucho apoyo desde otras esferas y en todo
momento estás acompañado. Sigue, sigue, sigue adelante… Y nunca olvides
que este mundo necesitaba de personas como TÚ. Nunca nos niegues (ni te
niegues) el regalo de tu presencia, tu verdad y tu luz. 


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