No
hay luz sin sombra, ni sombra sin luz. Amar la luz de otra persona es
sencillo, pero el verdadero reto (el verdadero amor) es amar su
oscuridad.
Si
todavía realizas distinciones entre personas "de luz" y personas "de
oscuridad", debes saber que la oscuridad también se halla en ti y en
cada uno de nosotros: si no reconoces tus sombras seguirás siendo un ser
humano dividido e incompleto, predispuesto al juicio constante y a la
identidad de víctima ante la "oscuridad" de los demás.
Indaga en ti y te darás cuenta de que, de un modo u otro, las sombras que ves en el otro son también tus propias sombras.
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Javier López Alhambra
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