Todos tenemos
actitudes tóxicas en algún momento, por eso al momento de definir una
relación como tóxica debemos ser muy cuidadosos, ya que es muy fácil ver
los defectos en los demás y muy difícil hacer autocrítica.
Cuando hablamos de relaciones tóxicas lo primero que solemos pensar es
en una mala relación de pareja, pero en realidad este tipo de relaciones
se dan en cualquier ámbito social, por ejemplo, en el trabajo, con
amigos o familiares. Se trata de relaciones que enganchan, y sentimos
que quedamos atrapados en una red negativa de la que se nos hace muy
difícil salir.
Una relación es tóxica cuando a ratos prefieres no estar con esa persona
porque te hace sentir mal, porque tu energía cambia, porque te alteras
hasta puntos que nunca imaginaste, te sientes manipulado cuando utiliza
los sentimientos de culpa, sarcasmo o ironía para contradecirte y
terminas sintiendo que no mereces ese trato, pero no eres capaz de
terminarla.
En definitiva se trata de una relación donde una o ambas partes sufren,
más que disfrutan, por el hecho de estar juntos. Los involucrados se ven
sometidos a un gran desgaste emocional con el objetivo de convencerse a
ellos mismos que pueden salvar esta unión.
En el momento en que una de las partes "se aprovecha" de la otra toda relación se vuelve tóxica.
La persona que tiene la conducta tóxica implementa dinámicas en las que
se genera una desigualdad entre los dos, en la que el poder queda
repartido de modo que favorezca a uno y no al otro.
Generalmente, una relación tóxica se establece entre dos tipos de
personas, una persona manipuladora (perverso narcisista), y una persona
susceptible a la culpabilidad, sensible y vulnerable, que sufre de
dependencia afectiva y que usualmente está volcada a los demás.
Las razones por las que podemos mantener una relación tóxica pueden ser
muy diversas, pero casi todas tienen una serie de puntos en común.
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