“Cada día es bueno recordar que lo máximo que puedo cambiar es a mí mismo. No es el otro, soy yo”.
Cada
cosa que experimentamos en nuestro mundo o en nosotros, viene para que
las limpiemos, las transmutemos. Entonces no vale quejarse.
Con
esa conciencia, cabe agradecer y emitir una vibración plena de luz que
nos transforme en un farol que alumbra lo que encuentra a su paso,
mientras vamos caminando.
Recuperar
el sentido de lo sagrado en la vida cotidiana, entender que somos
simples administradores y no propietarios de lo que poseemos.
Cuanto
más Amor sintamos y emitimos, tenemos que saber que mayor es el poder
que estamos utilizando. Somos un campo de energía que revela
información, operando en un campo aún mayor, infinito y pleno.
Sumemos esfuerzos para que fructifiquemos en un campo de esperanza y mucha Luz.
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