Hola gentes, hoy vamos a hablar de costumbres y hábitos, y empiezo por decir que tanto la costumbre como el hábito son hijas de la repetición, si lo que repetimos es un acto controlado y avalado por nuestra conciencia, y en aras de un bien propio y común, puede ser una buena costumbre que nos aporte beneficios, satisfacciones y demás.
Y si lo que repetimos son actos en los que no interviene nuestra consciencia, y por tanto no analizamos las consecuencias que nos pueden acarrear a nosotros y a los demás, pueden convertirse en malas costumbres, que después si queremos librarnos de ellas, nos va a resultar difícil, porque la eliminación de una costumbre o un hábito, requiere de una gran convicción de sus efectos perjudiciales, un propósito muy firme, una gran voluntad y continuidad de propósito.
Cualquier práctica o acción que la repitamos muy frecuentemente, aunque en un principio no nos guste, o incluso nos moleste, al cabo de estar repitiéndola durante un largo tiempo, la incorporamos a nuestro conjunto de automatismos, y lo que en un principio nos resultaba indiferente o molesto, al convertirse en costumbre o hábito, nos puede resultar agradable e incluso se puede convertir en una necesidad a nivel psicológico y físico, es lo que suele ocurrir con los llamados vicios físicos y psicológicos, y esos hábitos que quisiéramos vernos libres de ellos, que sabemos que nos están perjudicando, pero que el esfuerzo y dificultad que requiere el retirarlos y eliminarlos, nos vence y no lo damos conseguido.
Un buen ejemplo de lo que acabo de exponer lo viví yo en propia persona, cuando entraba en mi etapa de adolescente, algunas de las personas mas adultas me decían que tenía que aprender a fumar, porque era como una iniciación para convertirme en un hombre, y un vecino me lió un cigarro de un tabaco a granel que me resultó de lo más horrible, me sentí fatal con mareos, nauseas, y un malestar general espantoso, pero según aquella persona se trataba de un proceso normal, y que los males y perturbaciones desaparecían al poco tiempo, y así fue, después de un tiempo me resultaba agradable y necesario, porque cuando me quedaba sin tabaco me sentía mal, lo necesitaba.
Y según la mentalidad de muchas de las personas con las que me relacionaba, ya era un hombre porque fumaba, bebía y decía tacos y palabrotas, esto que estoy contando parece como un cuento macabro, pero es real, por aquellos tiempos y en el medio rural donde yo vivía el fumar era como sinónimo de prestigio o elegancia, y el beber alcohol otro tanto de lo mismo, el estar obeso era también sinónimo de buena salud, y muchas otras cosas que hoy las consideramos un disparate.
Pero el resultado es que yo desarrollé muchas costumbres, hábitos y vicios que después cuando mi madurez y la luz de mi razón me hicieron ver con claridad el rumbo y destino al que me conducían, hube de hacer grandes esfuerzos para verme libre del fumar y otros muchos malos hábitos, y es hoy y todavía me queda mucho trabajo por realizar en ese sentido.(Continúa enla 2ª parte, saludos.
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