domingo, 29 de diciembre de 2024

TODO ES UN REFLEJO MÍO (Por Cristobal Martinez)

 

Reflexiones mañaneras
“Todo es un reflejo mío”
Hay una frase de la espiritualidad muy extendida que dice que el mundo es un “espejo”.
Frase que entronca con el título de esta lección de Un Curso de Milagros:
“Todas las cosas que creo ver, son reflejos de (mis) ideas”.
He añadido lo de “mis” para también recordar otra lección del Curso que dice que “le doy a todo lo que veo el significado que decido darle“.
Luego lo que termino viendo ahí fuera es la suma de la información visual (neutra) a la que etiqueto a mi manera al asignarle un determinado significado mío.
Lo de fuera, el mundo y lo que contiene es como una gran cuadro abstracto. Nada tiene un significado de por sí, es uno el que DECIDE verlo de una determinada manera.
Siguiendo con el ejemplo del cuadro abstracto, cada observador afirmará que el cuadro “parece” representar esto, aquello y lo de más allá.
Y lo afirmará buscando en su mente ideas, objetos, informaciones, etc, que comparándolas con el cuadro vea coincidencias.
Así que el cuadro le refleja su contenido mental.
Jamás pues podremos decir que ese cuadro me recuerda a algo que no está en mi contenido mental.
Es imposible ver algo a nivel mental que no esté ya dentro de mi mente…
Dicen que cuando Colón llegó a las Américas, los nativos no veían ni sus barcos, ni a sus caballos.
Teniéndolos delante no los podían ver…
¿Podéis entenderlo?
Es obvio que a nivel físico los veían, pero no podían asignarles un significado conocido.
No había en sus mentes ninguna información parecida con la que comparar y al menos poder decir: “No sé lo que estoy viendo pero me parece que…”.
No, no tenían esa información.
El concepto de lo que un caballo o un barco era no figuraba en su bagaje mental…
Así que era imposible que los vieran bajo ese significado.
Ahora le vamos a dar la vuelta y tendremos que reconocer que entonces todo lo que veo y que puedo identificar es porque puedo asociarlo a una idea, creencia, significado, etc, que hay en mi mente.
Luego a través de lo que veo y reconozco puedo conocerme.
Y tal vez no os guste lo que empecéis a descubrir…
Pues si juzgo a alguien como ruin, mezquino, envidioso, falso, manipulador, etc, etc, etc, es porque dentro de mí hay de todo eso.
También todo lo que juzgue como bueno, claro está.
Pero lo que nos interesa es lo que “vemos” y nos quita la paz.
Si reconozco que lo que juzgo como malo ya forma parte de mí todo será más fácil y un camino rápido hacia la paz.
Si al perderla -por ejemplo- cuando alguien me engaña, me paro un momento, reflexiono y me pregunto:
-¿Miento yo?
-¿Cuántas veces lo he hecho con los demás y conmigo mismo?
-¿Por qué miento?
-¿Qué beneficio obtengo al mentir?
-¿Tal vez evitar asumir una responsabilidad, alcanzar una ganancia?
Es decir, cuando descubro mis mecanismos mentales por los cuáles miento, entonces podré entender a los demás mentirosos y reconocer que soy igual a ellos.
Así que desde esa comprensión mi reacción será total-mente diferente, mucho más comprensiva y amorosa.
Ello no justifica en ningún caso el “mentir” propio o ajeno. Claro que no.
Pero hará que nuestro juicio sea más benévolo y nuestra reacción mucho más pacífica.
Así que podemos usar el mundo como un gran espejo y recordar que lo que vemos es nuestro contenido mental.
Y si no te gusta lo que “ves” no es porque lo sea de por sí, sino porque te está reflejando tu propia fealdad…
Buen día, amigos.
Kriss

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