Cuando rompes la confianza de alguien, es tu responsabilidad demostrar que puedes ser digno de confianza nuevamente.
¡No es responsabilidad de la persona a la que traicionaste volver a aprender a confiar!
TÚ debes hacerte cargo de haber roto esa confianza.
TÚ debes demostrar que puedes ser un espacio seguro otra vez.
La confianza no se exige, se gana.
Y aunque puede ser una de las cosas más difíciles de construir, también es de las más fáciles de perder.
Si alguien te dice —o te da a entender— que ya no confía en ti, es porque hiciste algo que hirió esa confianza.
Romper la confianza una y otra vez y luego esperar que actúen como si nada hubiera pasado, no solo es injusto... es una completa negación de tu parte.
Si traicionaste a alguien, hazte responsable.
No los culpes, no busques excusas, no huyas del problema.
Deja de actuar como si te lo merecieras todo y empieza a demostrar que tienes integridad, haciendo lo necesario para reconstruir lo que tú mismo dañaste.
Porque la confianza es un privilegio, no un derecho.
Y si la perdiste, gánatela de nuevo... con hechos, no con palabras.
Créditos a su autor.
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