Ella no busca tu mirada.
No quiere tu aprobación.
No actúa para atraparte.
Ella simplemente irradia una luz que desordena tus certezas.
Una presencia que rompe tus esquemas sin tocarte.
Y sin querer, ya estás atrapado en esa vibración que no podés nombrar.
es lo que no sabés enfrentar en vos mismo.
No es su risa, ni su cuerpo, ni su silencio.
Es ese despertar incómodo que ella provoca en tu interior.
Un hombre débil la teme.
Un hombre perdido la sigue ciego.
Pero un hombre fuerte la siente, la respeta,
y la deja ser sin perderse en su fuego.
es el desafío interno de mantener tu centro cuando todo en vos quiere rendirse.
¿Vas a seguir huyendo de esa luz que te despierta?
¿O vas a aprender a ser el hombre que no se apaga frente al fuego femenino?
No para controlar a las mujeres…
sino para dominarte a vos mismo y caminar en tu poder.
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