Muchos hombres dicen: “Ya no es como cuando la conocí”, como si fuera una sorpresa.
Claro que no es la misma.
Antes estaba radiante, con energía, con ganas, con tiempo para cuidarse y sonreír.
Tenía sueños, estabilidad, paz… y aún así, te entregaba su ternura sin reservas.
Pero la vida cambia.
Ahora está agotada, abrumada, rota en silencio.
Tal vez ya no se maquilla, tal vez no se arregla como antes.
No porque no quiera, sino porque ya no le da la vida.
Está intentando sostenerse, a veces sola, a veces en silencio.
Y ahí estás tú, mirando desde afuera y diciendo:
“Ya no es la misma”,
en vez de preguntarte: “¿Qué hice para ayudarla a no perderse?”
Porque es fácil amar a una mujer cuando brilla.
Lo difícil es quedarte cuando su luz se apaga un poco
y preguntarte cómo puedes encenderla de nuevo con ella, no lejos de ella.
Las mujeres no dejan de ser dulces porque sí.
Se endurecen porque se cansan de ser fuertes solas,
de amar bonito y no ser sostenidas cuando el mundo les pesa.
No, ya no es la que conociste.
Pero antes de juzgarla, pregúntate:
¿la cuidaste como ella te cuidó a ti?
¿O solo te sentaste a verla caer?
Dice #EdgarAlfonso.
De la red.
No hay comentarios:
Publicar un comentario