La ciencia tradicional asume que toda la realidad se traduce a la
realidad física. Las dimensiones espirituales -lo que yo llamaría
dimensiones no físicas- quedan borradas del mapa.
Los individuos
influyentes y pioneros con los que he hablado sentían que no hemos
llegado a la cumbre del desarrollo humano, que estamos conectados con la
totalidad de la vida y no separada de ella, y que la totalidad del
espectro de nuestra conciencia abarca tanto la dimensión física como
multitud de dimensiones no físicas de la realidad.
En esencia, esta visión del nuevo mundo implica verse a uno mismo, a
los demás y a la totalidad de la vida, no con los ojos de nuestro
pequeño yo terrenal, que nació en el tiempo y vive en el tiempo, sino a
través de los ojos del alma, de nuestro Ser, el Verdadero Ser. Una a
una, muchas personas están dando el salto a esta órbita superior. El
mensaje de Eckhart es: el problema de la humanidad está profundamente
arraigado en la mente misma, o más bien, en nuestra errónea
identificación con ella.
La mente se aferra a las experiencias
pasadas, o proyectando su propia película casera, anticipa lo que está
por venir. Raras veces nos encontramos descansando en la profundidad
oceánica del aquí y ahora. Porque es aquí -en el ahora- dónde
encontrarnos nuestro Verdadero Yo, que está más allá de nuestro cuerpo
físico, de nuestras cambiantes emociones y de nuestra mente parlanchina.
La gloria suprema de la evolución humana no reside en nuestra capacidad
de razonar y pensar, el intelecto es sólo un punto más del camino.
Nuestro destino final es reconectar con nuestro Ser esencial y
expresarnos desde nuestra realidad extraordinaria y divina, en el mundo
físico ordinario, momento a momento. Esto es fácil de decir, pero son
pocos los que han llegado a los lejanos confines del desarrollo humano.
Russell E. Dicarlo, autor de "Towards a New World Wiew"
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