Al descubrir "la verdad que te hace libre", también descubres a quién intentó esconderla de tí.
Al conocerte, no sólo verás tu luz y todo lo que es hermoso y radiante, también verás todo aquello que construiste para sobrevivir en "tu mundo".
Todas esas capas, máscaras y personajes que creaste para protegerte del dolor y del miedo.
Una vez que te haces poseedor de "la verdad", le quitas el sentido a todo lo que te decías, a los miedos que cargaste toda tu vida y que no sabías de dónde venían...
"Tengo que protegerme a mi y a los míos a toda costa", "si me hago insensible nada me hará daño", "tengo que agradar a todos", "no soy lo suficiente", etc, etc...
Les digo algo desde el corazón.
Todo ese proceso es incómodo y doloroso, pues ver la verdad duele, pero mis queridos amigos ese dolor es el que libera.
El dolor de quitarte las máscaras, el dolor de saber que estuviste huyendo de ti por tanto tiempo, el dolor de saber que te estuviste negando, desconociendo y dándole la espalda a todo lo que estuvo frente a ti por tanto tiempo, y que solo estaba para enseñarte amablemente, pero que tus creencias y limitaciones convertían a esos maestros en "tus peores demonios".
El sanar y liberarte no es alejar lo que es malo, es integrar lo que fué negado.
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