¿Cómo sanar el rencor hacia alguien que te lastimó?
Primero hay que dejar algo claro…
El rencor no te protege, te encadena.
Te hicieron daño, sí.
Te fallaron, sí.
Y probablemente no lo merecías… también.
Pero cargar con eso todos los días
es como tomar veneno esperando que el otro se muera.
El rencor es un apego disfrazado de justicia.
Es seguir conectado a quien ya no está…
o peor aún, a quien ya no debería importarte.
Sanar no es justificar lo que te hicieron.
Sanar es dejar de permitir que eso te siga definiendo.
Porque mientras sigas repitiendo la historia,
sigues siendo prisionero de ese momento.
Y aquí viene lo incómodo…
A veces no te duele lo que pasó,
te duele no haber sido suficiente para que se quedaran,
para que te eligieran,
para que te trataran como tú tratabas.
Ahí está la herida real.
Entonces, ¿cómo se sana?
Se sana cuando dejas de esperar una disculpa que tal vez nunca va a llegar.
Se sana cuando entiendes que la gente da lo que es, no lo que tú necesitas.
Se sana cuando decides soltar, no porque el otro lo merezca…
sino porque tú ya no mereces seguir cargando eso.
Perdonar no es un acto de amor hacia el otro,
es un acto de liberación hacia ti.
No tienes que volver,
no tienes que reconciliarte,
no tienes que olvidar…
Pero sí tienes que soltar.
Porque si no sueltas,
no avanzas.
Y si no avanzas… te estancas.
Y el agua estancada… ya sabes en qué se convierte.
Fluye, aunque duela.
Suelta, aunque cueste.
Pero no te quedes viviendo en una historia que ya terminó.
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