-¡NO!
Hasta el fin de mis días seré un discípulo. Conozco mi inmensa,
inmensa, inmensa, inmensa ignorancia. Ignorancia corporal e ignorancia
mental. Primero que nada no sé qué es esta vida que provoca los latidos
de mi corazón, la multiplicación de mis células y fija la cantidad de
tiempo que existiré. ¿Cuál es la voluntad que hará crecer en mi cadáver
cabellos y uñas?
También,
mentalmente, teniendo un cerebro compuesto por millones de neuronas,
tantas como las estrellas que vemos en el cielo, solo capto en mi
conciencia un porcentaje minúsculo de esta inmensidad. Mi yo consciente
desconoce los poderes que se ocultan en mi vasto inconsciente. Como tú y
todos, porto en el cráneo un poderoso aliado, del que desconozco sus
inmensas capacidades. Creo que el cerebro humano posee cualidades que
solo nos será posible utilizar cuando nuestro cuerpo, que está en
evolución, se haya transformado en un organismo, dotado de nuevos
sentidos capaces de producir cambios en la materia, vencer la gravedad
terrestre, alargar la duración de nuesta vida millares de años más.
Así
como no conozco por entero mi cuerpo ni mi mente, tampoco conozco mi
planeta. Vivo en una superficie de relativamente pocos kilómetros, cuyo
calor extremo no nos permite profundizarla más. Algunos imaginan que en
sus profundidades hay un mar, o inmensas montañas, árboles gigantescos,
quizás una raza de monstruos inteligentes, un sol pequeño, etc. Voy
viajando en una gran bola que navega a velocidad vertiginosa por un
Cosmos misterioso, quizás infinito. Igualmente puede ser infinito el
mundo microscópico. Los científicos están muy lejos de encontrar el
fondo de la materia.
La
sabiduría humana se basa en absoluta ignorancia. Puedo creer en un Dios
Creador, pero no tengo los órganos cognitivos suficientes para conocer
qué o quién es. Como de Dios nada podemos decir, no sé lo que somos, ni
de dónde venimos ni a dónde vamos.
Aceptando
esta ignorancia, me entrego a la indefinible vida. Siendo parte de
ella, debo tener una misteriosa utilidad, servir para algo. Soy un
ignorante privilegiado, siendo una parte del todo, ese Todo es mío. Debo
aprender a amarme para luego amar a la totalidad: Dios es mío, el
universo es mío, la Tierra, los planetas, el sol, son míos. Míos son los
minerales, los vegetales, los animales, los seres humanos. Ese es mi
tesoro, la realidad completa. Esa es mi sabiduría, conocer mi sagrada
ignorancia, no tratar de ser lo que no soy, aceptar que todo es uno, que
debo respetar lo que soy, respetar mis continuos cambios, nacer es
cambiar, morir es cambiar, soy un cambio eterno e infinito, soy la
Verdad, la Belleza, la Bondad, soy el Amor, soy la Felicidad, soy
Nosotros, soy el Dioses, soy Yo, como tú, como todos.
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