En mi opinión, dos de las peculiaridades primordiales de la vida son que es IRREPETIBLE y que es IRRECUPERABLE.
Y esto es así.
Por lo tanto, no se puede recuperar el tiempo.
Y hay que tener esto muy claro: cuando hablamos de “tiempo” no estamos
hablando de unas divisiones horarias, ni de un reloj, ni de años:
estamos hablando de nuestra propia vida.
No perdemos el tiempo: perdemos la vida.
Se puede intentar crear en el presente un tiempo de vida que sea parecido al que se perdió, pero no será el mismo.
Las cosas cambian, el tiempo cambia, uno mismo cambia.
Está muy bien eso de tratar de hacer lo que no se hizo antes. Muy bien. Pero no es lo mismo.
Lo mejor que se puede hacer para evitar tener que recuperar el tiempo perdido es no perderlo. Simple. Elemental.
Si todos los instantes se viven con intensidad, si a cada momento se le
presta la atención necesaria, y se le llena de lo que pide ser llenado,
no queda lugar para el arrepentimiento. No hay vacío. Está completo.
El tiempo perdido –que es la vida perdida, como ya he escrito- ya no
está accesible. Desapareció. Se fue al pasado tal como fue vivido, o tal
como quedó sin vivir plenamente.
Hay personas que,
equivocadamente, creen que tienen que hacer muchas cosas porque eso les
da la sensación de una vida llena y, efectivamente, está llena, pero…
¿De qué?
Y en esa preocupación, pueden llegar a llenarla de vacíos.
Es mucho más plena la vida cuando está llena de momentos en que uno se
queda consigo, a solas, desocupado de distracciones ajenas y absorto en
sí mismo, en sus sentimientos o emociones, en su bienestar, en su
silencio reconfortante, en el vacío de su mente que le pertenece, en
tomar conciencia de sí mismo, de que está aquí y ahora, de que es él
mismo.
También es plena, por supuesto, cuando se llena de cosas
con las que uno es feliz o cosas que le proporcionan sensación de
bienestar y de placer.
Lo interesante, en realidad, es una vida plena.
Que cada situación, que cada instante haya sido llenado de plenitud.
Que uno sea consciente de lo que quiere poner en la vida, y lo ponga.
Que pueda decirle a su conciencia –cuando llegue al Tiempo de los
Arrepentimientos- que hizo lo que quiso, que no tiene motivos para
lamentarse en ese sentido.
Lo interesante es tener la sensación
de estar viviendo, notar la atención que se pone y disfrutar el
resultado benéfico inmediato que eso produce.
Vivir.
Esa es la tarea.
Llenar de vida la Vida.
Estar aquí y ahora en todo momento.
Decir continuamente “Soy yo, estoy aquí y ahora”. Darse cuenta de ello
hace que la vida adquiera una calidad especial, que la veamos con la
conciencia y no sólo con los ojos.
Vivir es Vivir, y no solamente dejar que pase la vida.
Apréndelo.
Compréndelo.
Serás feliz.
Te dejo con tus reflexiones…
miércoles, 18 de mayo de 2022
EL TIEMPO PERDIDO NO SE RECUPERA (Por Emma Fernandez)
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