En mi
opinión, es muy interesante ser capaz de encontrar siempre lo positivo
en todo lo que nos suceda, incluso en lo que aparenta ser negativo, ya
que la positividad en cualquier aspecto de la vida es la mejor de las
opciones y el mejor de los resultados.
A lo largo de la vida nos
van a suceder muchas cosas y bastantes de ellas no serán de nuestro
agrado y, además, serán inevitables, así que conviene instalarse
firmemente y para siempre en una actitud positiva frente a cualquier
hecho o circunstancia. Está demostrado que hacerlo así nos va a aportar
ventajas a la hora de afrontar lo que se nos presente.
Habrá
asuntos que no sabremos cómo enfrentarlos, de qué modo resolverlos, o
cuál es la clave buena, pero vendrán de todos modos. ¿Y si empezamos por
quitarles la fuerza apabullante y demoledora que les damos con el hecho
de clasificarlos como “problemas”?, ¿y si cambiamos la denominación de
“problemas” por “asuntos pendientes de resolver”?
De este modo
no suena grave, no lleva incorporado el gravoso peso que conlleva ser un
“problema”, lo cual le aporta una fortaleza que parece imposible de
derruir.
¿Y si convertimos las adversidades en experimentos y de
ese modo podemos dar la vuelta al asunto que sea y extraer su enseñanza
sin quedar perjudicados?
La aceptación de la adversidad, sea la
que sea, y ya que se ha presentado y su existencia es innegable, es el
primer paso y es necesario. Sólo cuando se acepta la presencia de algo
es cuando se puede empezar a tratar de vencer a ese algo. Mientras se
niegue su existencia, o se intente minimizar su presencia y su
influencia tratando de enviarlo al olvido, no se estarán dando los pasos
necesarios para afrontarlo.
De la aceptación partirá el camino
hacia el cambio, hacia la renovación que sea precisa hacer, por eso en
vez de temer lo que venga y negarlo es conveniente ponerse valiente y
preguntarle: ¿Qué me quieres enseñar?, ¿qué me puedes aportar?
Ese es un modo de dar la vuelta a la tortilla y convertir la adversidad, lo indeseado, en algo positivo y enriquecedor.
No hay que negar, porque es cierto, la incertidumbre o la preocupación
que van a aparecer ante lo indeseado. Hay que aceptarlo así, somos
humanos. Los sentimientos y las emociones forman parte indivisible de
nosotros. Hay que darse un tiempo –el mínimo pero el necesario- para que
el organismo y la mente reaccionen y se preparen.
Entonces, al
afrontarlo, es cuando uno se puede dar cuenta de que está siendo más
fuerte de lo que creía. “Hay poco que perder y mucho que ganar”, esa es
la actitud que hay que adoptar. Desde esa actitud el miedo comienza a
diluirse y pierde parte de su poder e influencia. La adversidad
despierta a las capacidades dormidas.
A partir de ahí es cuando hay que tomar el control.
Repito: TOMAR EL CONTROL. No dejar que el destino decida, no quedarse a
esperar cuándo nos ataca o dónde nos duele, sino DECIDIR y MANDAR.
Quedarse en el lamento no es la mejor opción. Ni siquiera debería ser una opción. No aporta. No soluciona. No es útil. No vale.
Lo que vale es afrontar y resolver. Lo que vale es tener una actitud
optimista ante lo que nos ocurra. Lo que vale es tener ganas de seguir
adelante a pesar de las adversidades –que son inevitables en su mayoría-
y salir airoso y fortalecido de ellas.
Ya que están ahí, ya que
hay que hacerles frente, mejor hacerlo desde una posición desde la que
se pueda salir ganador pase lo que pase.
Valora la posibilidad de
ponerte frente a la adversidad inevitable y dale la bienvenida. “¿Qué
me vas a enseñar?”, pregúntale, y entonces afróntala, compréndela en vez
de oponerte, vívela con atención observándola y observándote, dónde te
duele, cómo te afecta, qué es lo que niegas o no quieres…y cuando ya lo
tengas dile que no la necesitas más, que puede desaparecer.
Requiere práctica y atención. Será muy beneficioso que lo hagas.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
martes, 20 de diciembre de 2022
CÓMO CONVERTIR LAS ADVERSIDADES EN OPORTUNIDADES (Por Emma Fernandez)
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