En
la Tierra, soy luz y oscuridad. Un ser completo, sin divisiones ni
polarizaciones extremas. Río, lloro, me enfado, siento ira y odio igual
que amor y compasión, me permito tener emociones que observo de manera
consciente y luego desaparecen... Trato de no reprimir, de no
autoengañarme (o al menos ese es el camino que mi Ser siente que ha de
seguir). No responsabilizo al otro de mi estado, aunque a veces la
tentación, sustentada por mil y una creencias, sea demasiado fuerte. No
me desequilibro (o trato de no hacerlo) hacia ningún extremo: sé que en
mí hay luz y que también hay sombra, y que reconocerlo me hace humano.
Cuando observo mi luz y mi sombra por igual, dejo de estar en guerra y
me unifico conmigo mismo y con los demás. Ya no hay divisiones: todos
estamos equilibrándonos, pues todos somos luz y sombra. La batalla
externa entre "luz y oscuridad" terminó.
Renuncio
a la obligación y a las cadenas de tener que estar constantemente
interpretando el papel de "ser de luz", de "guerrero de la luz" o de
"alma especial", pues solamente me considero un pedacito del Todo que
eligió vivir esta experiencia y dar un mensaje de conciencia, de que las
cosas pueden verse de otra manera y es posible ampliar la perspectiva.
Si solo ves luz en mí, has negado la sombra en ti, y te encuentras
dividido, en una guerra interna que te lleva a un juicio constante y te
hace víctima de "alguien". No hay amor, estás en guerra y no te das
cuenta. Quieres "vencer" a alguien, mientras en tu interior no te
aceptas como eres y te esfuerzas por ser como sería "un ser de luz".
La
"batalla" que veo fuera está dentro de mí. Renuncio, por tanto, a mi
batalla interna. A dividir el mundo en seres de luz y seres de
oscuridad. Sé que en ti hay luz, y también sombra. Como en mí. Como en
todos. No voy a santificarte ni a santificarme, pues ni tú ni yo somos
"santos inmaculados". Tampoco voy a pasarme el día señalando a los
"malvados", cuando esos malvados son el producto de la sociedad que
entre todos formamos. Seamos coherentes de una vez y bajemos a la
Tierra, responsabilizándonos en conjunto de lo que hemos creado y
podemos crear. Sin más divisiones. Sin más guerras entre "buenos" y
"malos". Sin más batallas espirituales que solo perpetúan la separación y
el odio. Todos formamos parte de lo mismo, ¿somos capaces de verlo y de
dejar los roles "espirituales" en el cajón? ¿Somos capaces de ver que
determinadas corrientes "espirituales" son las primeras en incitar a la
división, al odio y al victimismo, perpetuando por tanto esa realidad?
¿Somos capaces de ver que mucha gente no está canalizando a "seres de
luz", sino a su propia mente dividida, sensacionalista y en guerra?
Caminamos hacia una sociedad unida y coherente, no hacia una sociedad
dividida y neurótica, que es el punto de donde venimos. Caminamos hacia
la integración de nuestras polaridades y la comprensión de nuestro
mundo. Caminamos hacia la reconciliación con nosotros mismos y con los
demás. Caminamos hacia la paz. Tan simple como eso. 


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Javier López Alhambra
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