Viene de la 2ª Parte. Y a partir de este punto empieza la “fiesta” de fin de curso, en este caso de “fin de año”, ya hemos limpiado nuestro cuerpo, nuestra psiquis y nuestra alma, nos hemos reconciliado con nosotros y con todos los demás, y hemos recibido a nuestro Especial Invitado, pues como debe ser, después de que hemos hecho los deberes bien hechos, ¡Que empiece la fiesta!.
Y compartiremos con los de nuestro más allegado entorno, esos manjares que se reservan para las ocasiones especiales, y como es tradición echaremos unas cantijas a ritmo de zambomba, o de tenedor sobre la botella de anís, cada uno a nuestro estilo, y como las circunstancias lo permitan, porque después de varios lingotazos de “agua de fuego”, y llenar la panza hasta arriba, lo mas normal es que desafinemos de lo lindo, pero es navidad y todo está bien, y como el Espíritu de la Navidad, y el Hijo de nuestro Padre Celestial están presentes en la fiesta, no cabe la menor duda de que reinará la paz y la concordia, ambiente propicio para limar algunas asperezas que pudieran quedar con algún familiar, amigo, vecino o conocido, y también renovaremos fuerzas y estrecharemos lazos de familia, amistad y hermandad, todo ello necesario para al llegar el nuevo año, dar comienzo a un nuevo ciclo o curso de formación en la “escuela de la vida”.
Hay otra parte de la navidad que es la encargada de cerrar el evento, y es el tema este de los Reyes Magos, que según la historia le traían regalos al Niño, particularmente creo, que el auténtico regalo se lo hicimos nosotros cuando en vez de permitir que naciera en el pesebre del establo, limpiemos nuestra morada interior, y en el lugar donde el Amor nace, crece y se manifiesta, que creo que es el “corazón” , le instalemos su camita y lo arropemos con la cálida manta confeccionada con los hilos de nuestro cariño y Amor.
Él, vino a darnos a conocer el verdadero Amor, y no a que le hicieran regalos materiales, creo que detrás de esta parte, andan los intereses de la sociedad de consumo, pero solo es una opinión de "Pepe el terrícola”, osea yó.
Y hasta aquí la parte fantástica, ahora vamos a aterrizar, y posar los pies en el suelo, para hablar de realidades de actualidad, como criaturas normales y corrientes que es lo que en parte somos.
La celebración del evento navideño, como cualquier otro posee sus cosas comunes, y las específicas, que corresponden a las costumbres y tradiciones según el lugar, nivel de cultura, creencias, y algunos otros factores.
Entre las comunes están que en todos sitios se supone que el alma del evento es el nacimiento de Cristo, aunque viéndose lo que se ve, parece más bien una competencia de demostración de poderío económico, se gastan cifras millonarias en decoraciones, alumbrados, lugares de posible diversión, y muchos otros montajes de precios descomunales.
Aunque todos estos tinglados entran dentro del marco del consumismo, y dan trabajo a mucha gente, yo creo que nada tienen que ver con nuestra querida Navidad.
En alguno de mis anteriores escritos, he hecho referencia a que mayoritariamente nuestra atención y capacidad de acción, están orientados de nosotros hacia afuera, hacia lo externo, y de todo nuestro mundo interno, siendo como es, lo más importante, no parece interesarnos demasiado, esto en nuestra sociedad es normal porque así hemos sido educados, y posíblemente nuestro nivel no da para más.
En muchos de mis escritos critico duramente a la sociedad de consumo, pero reconociendo que todo cuanto existe cumple con algún cometido específico y necesario, le concedo un voto de confianza, y el reconocimiento de lo bien que se lo monta, y el derroche de arte que emplean, para dejar a todo el que se descuide en números rojos, y aún después de que están en números rojos, en ocasiones les obliga a pedir un préstamo, para seguir consumiendo, aunque se trate de cosas innecesarias. ¡Esto es arte! lo demás son tonterías.
Para terminar confieso que yo he sido uno de tantos, que en la navidad, o cualquier otro evento, he participado y ejercido casi de todo, es por eso que hablo con conocimiento de causa, pero después de reconocer, una y otra vez, que la mayor parte de las cosas que hacía obraban en contra de mí y mis intereses, me sentía como una marioneta bailando el ritmo que me imponía el sistema, la sociedad de consumo e intereses varios, costumbres, tradiciones, el qué dirán, y qué pensarán, etc.
En la actualidad estoy intentando salir de todo lo impuesto, y diseñar yo mi propio caminar, no es fácil, pero tampoco imposible.
A ti que aún sigues leyendo, si eres mayor de edad, y solvente, te sugiero que seas tú en todo momento, no hagas nada que no valla contigo, te lo diga quien te lo diga, si lo haces, dejas de ser tú, para intentar ser lo que no eres, ni te gusta ser, esto es aplicable a todas las actuaciones de pensamiento, sentimiento y acción, no tenemos, ni debemos seguir a nadie, somos una exclusiva en todo el universo, diferente a todo y todos pero igual de valiosa e importante.
Vive la navidad o cualquier otro evento, como a ti te apetezca vivirlo, al margen de lo que yo expreso en este escrito, o diga Juan o Tomás, sé libre para decidir y vivir, es un buen regalo de reyes.
Felices trescientos sesenta y cinco días, con sus correspondientes noches cada año, y las seis horas restantes, tanto si es navidad o días normales.
Y claro está, todo esto lo dice, como siempre José Miranda.
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