sábado, 10 de junio de 2023

¿PIENSAS DEMASIADO? 2ª Parte (Por Emma Fernandez)

 ¿ERES DE LAS QUE PIENSAN DEMASIADO?
Test para evaluar si piensas demasiado.
Cuando estás disgustada, triste, deprimida o nerviosa, ¿cómo sueles reaccionar?
Responde a las siguientes preguntas con las respuestas: "nunca", "casi nunca", "de vez en cuando", "a menudo", "casi siempre" o "siempre".
Presta atención a tus respuestas para que éstas definan honestamente lo que sueles hacer en esas situaciones de tristeza o disgusto, no lo que crees que deberías hacer.
Pienso en lo sola que me siento.
Pienso en que me siento cansada y dolorida.
Pienso en lo mucho que me cuesta concentrarme.
Pienso en que me encuentro sin energía y desmotivada.
Me culpabilizo o me doy pena porque no puedo ponerme en marcha y hacer algo positivo.
Le doy vueltas y más vueltas a una situación reciente con el deseo de que hubiera ido mejor.
Pienso en lo triste y angustiada que me siento.
Pienso en todos mis defectos, fracasos, culpas y errores.
Me siento impotente y culpable por no hacer nada.
Pienso: soy un fracaso, ¿por qué no sé llevar mejor mi vida?

Si has respondido "nunca" o "casi nunca" a todas ellas, o bien "de vez en cuando" solo a unas pocas: ¡Felicidades! Has desarrollado estrategias excelentes en tu propia lucha contra el pensamiento excesivo.
Si has respondido "a menudo", "casi siempre" o "siempre" a varias de las preguntas, puede que seas propensa a preocuparte por tus sentimientos y por tu vida en lugar de lidiar de un modo eficaz con tu vida mental y emocional.
¿POR QUÉ LE DAMOS MÁS VUELTAS A LAS COSAS LAS MUJERES?
Si bien es cierto que las mujeres sufrimos más las consecuencias del pensamiento excesivo (depresiones, ansiedad, preocupación excesiva), de momento, no hay pruebas de que la causa resida en algún rasgo biológico como las hormonas femeninas o la organización de nuestro cerebro.
Hoy por hoy, las investigaciones apuntan a causas de tipo social, cultural y psicológico.
Las mujeres piensan más porque tienen más cosas en que pensar. Las cargas demoledoras que acompañan al exceso de responsabilidades familiares, sociales, profesionales y personales, así como (paradójicamente) el menor poder social, político y económico hace que se establezcan tensiones crónicas que perpetúan un hábito de pensamiento y resolución de conflictos constante.
Las mujeres tienen más relaciones sociales y se implican más personalmente. Esto hace que estén permanentemente preocupadas (por sus parejas, sus hijos, sus padres, sus amigas) y angustiadas por las consecuencias que puede tener en sus relaciones el más insignificante de los cambios. Lo peor es que tienden a basar su autoestima y su bienestar en cómo funcionan sus relaciones y en lo que las demás personas piensen de ellas, haciendo que, a veces, y con la intención de contentar a otros, opten por hacer lo que no desean y tomar decisiones equivocadas en sus vidas.
El apoyo moral que buscan las mujeres en otras mujeres puede crear círculos viciosos de pensamiento excesivo y victimismo. El sentido de lealtad y empatía puede hacer que muchas mujeres se dejen arrastrar por el pensamiento excesivo-corrosivo de la amiga que necesita ser escuchada, evitando cuestionar su pensamiento y poner freno a su distorsión exagerada de las cosas por temor a que no se sienta comprendida o, más aún, a que se sienta traicionada.

El pensamiento excesivo crea estados de ánimo negativos que pueden teñir la calidad de tus pensamientos hasta tal punto que acabas teniendo una visión distorsionada de los hechos.
Lo peor de todo es que puedes tomar decisiones equivocadas basándote en esos pensamientos negativos.

ATENCIÓN:
Cuando te veas presa del pensamiento excesivo, no tomes decisiones.
Déjalas para más tarde, cuando te sientas más relajada y con un pensamiento más global y positivo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario