¿ERES DE LAS QUE PIENSAN DEMASIADO?
Test para evaluar si piensas demasiado.
Cuando estás disgustada, triste, deprimida o nerviosa, ¿cómo sueles reaccionar?
Responde a las siguientes preguntas con las respuestas: "nunca", "casi
nunca", "de vez en cuando", "a menudo", "casi siempre" o "siempre".
Presta atención a tus respuestas para que éstas definan honestamente lo
que sueles hacer en esas situaciones de tristeza o disgusto, no lo que
crees que deberías hacer.
Pienso en lo sola que me siento.
Pienso en que me siento cansada y dolorida.
Pienso en lo mucho que me cuesta concentrarme.
Pienso en que me encuentro sin energía y desmotivada.
Me culpabilizo o me doy pena porque no puedo ponerme en marcha y hacer algo positivo.
Le doy vueltas y más vueltas a una situación reciente con el deseo de que hubiera ido mejor.
Pienso en lo triste y angustiada que me siento.
Pienso en todos mis defectos, fracasos, culpas y errores.
Me siento impotente y culpable por no hacer nada.
Pienso: soy un fracaso, ¿por qué no sé llevar mejor mi vida?
Si has respondido "nunca" o "casi nunca" a todas ellas, o bien "de vez
en cuando" solo a unas pocas: ¡Felicidades! Has desarrollado
estrategias excelentes en tu propia lucha contra el pensamiento
excesivo.
Si has respondido "a menudo", "casi siempre" o
"siempre" a varias de las preguntas, puede que seas propensa a
preocuparte por tus sentimientos y por tu vida en lugar de lidiar de un
modo eficaz con tu vida mental y emocional.
¿POR QUÉ LE DAMOS MÁS VUELTAS A LAS COSAS LAS MUJERES?
Si bien es cierto que las mujeres sufrimos más las consecuencias del
pensamiento excesivo (depresiones, ansiedad, preocupación excesiva), de
momento, no hay pruebas de que la causa resida en algún rasgo biológico
como las hormonas femeninas o la organización de nuestro cerebro.
Hoy por hoy, las investigaciones apuntan a causas de tipo social, cultural y psicológico.
Las mujeres piensan más porque tienen más cosas en que pensar. Las
cargas demoledoras que acompañan al exceso de responsabilidades
familiares, sociales, profesionales y personales, así como
(paradójicamente) el menor poder social, político y económico hace que
se establezcan tensiones crónicas que perpetúan un hábito de pensamiento
y resolución de conflictos constante.
Las mujeres tienen más
relaciones sociales y se implican más personalmente. Esto hace que estén
permanentemente preocupadas (por sus parejas, sus hijos, sus padres,
sus amigas) y angustiadas por las consecuencias que puede tener en sus
relaciones el más insignificante de los cambios. Lo peor es que tienden a
basar su autoestima y su bienestar en cómo funcionan sus relaciones y
en lo que las demás personas piensen de ellas, haciendo que, a veces, y
con la intención de contentar a otros, opten por hacer lo que no desean y
tomar decisiones equivocadas en sus vidas.
El apoyo moral que
buscan las mujeres en otras mujeres puede crear círculos viciosos de
pensamiento excesivo y victimismo. El sentido de lealtad y empatía puede
hacer que muchas mujeres se dejen arrastrar por el pensamiento
excesivo-corrosivo de la amiga que necesita ser escuchada, evitando
cuestionar su pensamiento y poner freno a su distorsión exagerada de las
cosas por temor a que no se sienta comprendida o, más aún, a que se
sienta traicionada.
El pensamiento excesivo crea estados de
ánimo negativos que pueden teñir la calidad de tus pensamientos hasta
tal punto que acabas teniendo una visión distorsionada de los hechos.
Lo peor de todo es que puedes tomar decisiones equivocadas basándote en esos pensamientos negativos.
ATENCIÓN:
Cuando te veas presa del pensamiento excesivo, no tomes decisiones.
Déjalas para más tarde, cuando te sientas más relajada y con un pensamiento más global y positivo.
sábado, 10 de junio de 2023
¿PIENSAS DEMASIADO? 2ª Parte (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario