Qué no hacer.
En ningún caso recurras a la comida: no te des atracones o te pongas
frente al televisor a comer helado o comida basura. La sensación de
pérdida de control que te obsesiona se haría mucho más fuerte todavía,
además de los efectos contraproducentes para tu salud.
No recurras al café como estimulante, porque hará aún más hiperactivo tu pensamiento loco.
No bebas alcohol para anestesiar el dolor. El alcohol actúa en el
sistema nervioso central como un depresivo. Necesitas energía positiva,
no más pérdida de control.
MÁS DIFÍCIL TODAVÍA: PARAR EL PENSAMIENTO EN MEDIO DE LA NOCHE.
¡Atención! Si en mitad de la noche empiezas a cavilar durante más de
quince minutos, no caigas en la trampa de pensar que dándole vueltas a
los problemas los resolverás o los entenderás mejor, ni te convenzas a
ti misma de que en un par de minutos conseguirás dormirte. Pensar en
mitad de la noche casi siempre va acompañado de angustia y miedo. Por
otra parte, si pierdes horas de sueño al día siguiente estarás cansada y
con menos capacidad para concentrarte y afrontar las situaciones más
conflictivas.
Levántate, ve a algún lugar tranquilo y haz algo que te distraiga. Cuando empieces a tener sueño, vuelve a la cama.
Te llevará menos tiempo y resultará más reparador que la ansiedad producida por el insomnio del pensamiento excesivo.
RECUPERAR LA PERSPECTIVA.
Una vez frenado el hábito del pensamiento obsesivo, aún hay que
resolver el problema. Es preciso colocarse en una posición mental que
permita tener una cierta perspectiva del problema, para afrontarlo de
manera eficaz.
Enfoca bien. Evita que tus miedos distorsionen tu visión. Interpreta las cosas de la manera más realista posible.
Reconoce tus emociones y sigue adelante. Acepta tu depresión, tristeza u
otras emociones negativas, pero no dejes que saboteen tus planes. Sigue
adelante con tu vida.
Simplifica. No siempre las causa de tus
problemas son profundas y complicadas. Puedes estar de mal humor
simplemente porque has dormido mal, estás cansada o incubas un catarro.
Deja de compararte con otras personas. En circunstancias diferentes las cosas son diferentes.
No esperes a que te rescaten. Toma las riendas de tu vida y cambia las cosas por ti misma.
Deja que fluyan las soluciones. Haz un repaso a todas las alternativas y elige las más adecuadas para ti.
Apunta más alto. Define lo que quieres y ve a por ello, a veces cuesta
el mismo esfuerzo dirigirse a otros objetivos que consideramos
"intermedios".
Basta con que hagas algo. Cuando tu objetivo requiere
tiempo y paciencia, además de mucha energía -con la que no cuentas-
basta con realizar una acción modesta que te dé confianza y te cargue
las pilas.
Inténtalo. Aun no estando muy segura de que funcione,
prueba esa solución que tienes al alcance de las manos. Nunca se sabe y
no pierdes nada con intentarlo.
Rebaja tus expectativas cuando las
cosas no dependen de ti. No sirve de nada sufrir por que las cosas no
son como te gustaría que fueran. Son como son.
Comprende que las
demás personas también tienen sus problemas y limitaciones, como tú.
Hallarás más paz si no acumulas resentimientos y odios. A veces te hacen
daño actitudes de otras personas que, simplemente, no han sabido
hacerlo de otra manera.
Que no guíe tu vida las expectativas de
otras personas. Identifica cuándo tu pensamiento obsesivo responde a la
voz de otras personas, a las que les has dado poder para controlar tu
vida. Y quítales ese poder.
CÓMO EVITAR VOLVER A CAER EN LA TRAMPA.
Enhorabuena. Por esta vez has conseguido silenciar la voz interior de
la duda y la preocupación y has podido resolver el problema
satisfactoriamente. Pero un día, sucede algo (un conflicto con una
amiga, una crítica en el trabajo) y es como un resorte que te devuelve a
las arenas movedizas del pensamiento excesivo. ¿Cómo controlarlo?
Evita las situaciones que pueden convertirse en obsesivas. Reduce o haz
más breves las visitas a tu madre si ello significa semanas de pensar
demasiado.
Elimina los objetivos que te perjudican. Puedes renunciar
a perder 20 kilos matándote de hambre y aspirar a adelgazar la mitad
con un régimen sensato.
Trátate con cariño. Puedes tomarte tu tiempo
para ir al gimnasio, meditar o tomarte un té en medio de la mudanza,
aunque alguien te critique por no "estar disponible" o "ser egoísta".
Crea una nueva imagen de ti misma. Aprende a observar lo mejor de ti misma, descubre tus potencialidades y confía en ti.
LOS PENSAMIENTOS REPETITIVOS MÁS FRECUENTES.
Si bien es cierto que cada persona tiene sus propios temas obsesivos,
hay cuestiones que preocupan a todo el mundo y que ofrecen mucha leña
para el fuego del pensamiento obsesivo.
Cuestiones de pareja: No
todas las relaciones deben ni pueden salvarse, pero es importante evitar
viejos hábitos obsesivos y sobreprotectores, establecer distancia para
ver la situación de la forma más realista posible (si es necesario, con
la ayuda de terapia) e intentar negociar para evitar en lo posible las
situaciones más conflictivas.
Problemas de familia: Es importante
comprender y aceptar que tus familiares no ven el mundo exactamente
igual que tú. Haz lo posible por evitar las polémicas repetitivas que no
conducen a ninguna parte ni convencen a nadie.
Preocupaciones
con los hijos: Aun la madre menos sobreprotectora suele hacerse cargo de
la mayor parte de la responsabilidad de criar y educar a sus hijos.
Aunque desees que les vaya bien en la escuela, no se metan en problemas,
estén sanos y se lleven bien con los demás niños y niñas, no siempre va
a ser así. La superación de sus problemas les hará más fuertes así que
da la bienvenida a los conflictos que tengan que superar. Desdramatizar
tus preocupaciones no sólo te ayudará a ti sino que les ofrecerá un
espejo valiosísimo para que ellos mismos eviten futuros pensamientos
obsesivos.
Trabajo: Sacar adelante la casa o cómo promocionarse
profesionalmente son fuente continua de pensamientos obsesivos. Frenar
las tendencias perfeccionistas o los impulsos victimistas nos ayuda a
afrontar los conflictos de una forma más eficaz. Criticar o echar la
culpa de lo que no funciona a otras personas es una engañosa manera de
proteger la autoestima.
En cualquier caso, no olvides tus
objetivos reales: el trabajo. Cuando te toque sentir el dolor
(frustración, rabia, celos o tristeza porque las cosas no son como
desearías), limítate a sentirlo mientras te concentras en el trabajo que
es importante hacer en ese momento. Acabará pasando y tú lo habrás
superado y olvidado mientras haces algo útil y productivo.
La
salud: Las personas hipocondríacas tienen muchos más riesgos de enfermar
que las que simplemente se cuidan. Obsesionarse con posibles
enfermedades sólo consigue bloquear el funcionamiento natural del cuerpo
y producir disfunciones reales. Utiliza técnicas de relajación y, en
caso de que consideres seriamente tener alguna enfermedad, hazte un
chequeo y aclara tus dudas. Una vez tranquilizada, actúa en positivo:
una actitud positiva y feliz es la mejor manera de proteger tu salud,
además de una alimentación adecuada y ejercicio físico.
lunes, 12 de junio de 2023
¿PIENSAS DEMASIADO? 4ª Parte (Por Emma Fernandez)
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