Una
confusión común en muchas personas abiertas al camino del crecimiento
espiritual es pensar que la conciencia de unidad (la idea de que todos
estamos conectados y de que somos uno con todo lo que existe) equivale a
permitir cualquier cosa en nuestra vida. Suele surgir aquí una actitud
pasiva a la que ya nos hemos referido en otras ocasiones y que consiste
en aceptarlo todo, perdonarlo todo, acogerlo todo… En definitiva,
“amarlo” todo. Desde una perspectiva amplia (en estados de meditación o
contemplación, por ejemplo), sí es posible alcanzar y sentir ese estado
de Amor Absoluto, pero a efectos prácticos las cosas son diferentes. Es
decir, en tu día a día no puedes caminar aceptándolo todo, permitiéndolo
todo y consintiendo todo lo que ocurra en tu entorno. Mucho cuidado con
esta confusión, porque suele llevar a muchas personas a la actitud de
“todo vale a mi alrededor”, y esto acaba ocasionando graves
consecuencias.
No.
No todo vale. No vale, por ejemplo, que otras personas no te respeten y
tú lo aceptes y las ames porque eres espiritual o “vives en conciencia
de unidad”. No vale, por ejemplo, que sientas la obligación de
relacionarte con personas que no te inspiran o cuyo modo de entender la
vida está a años luz del tuyo. Puedes comprenderlas y aceptar su
historia (aquí aplicamos la conciencia de unidad), puedes estar en paz
con lo que muestran, pero no tienes por qué incluirlas en tu espacio
cuando no resuenas con ellas y sabes perfectamente que lo único que van a
traer a tu vida es conflicto, interferencias y poca claridad. No vale,
por ejemplo, que tengas que perdonar porque sí las impertinencias, la
desfachatez, el maltrato o el atrevimiento de quien sea: ¿perdonar todo
eso? ¿Seguro? No, me perdono a mí mismo por haber soportado situaciones
similares en otras ocasiones y no haber puesto límites debido a mi falta
de amor propio. Esto es lo único que tengo que perdonar. Al otro lo
comprendo, sí, y de nuevo aplico la conciencia de unidad aquí, pero en
lo personal establezco mis límites y mi espacio. Digo “hasta aquí”. Y, a
partir de ahí, todo lo demás.
La
conciencia de unidad es perfectamente compatible con establecer unos
límites sanos a nuestro alrededor y con decir “NO” o “BASTA”. De hecho,
cuando aprendemos a integrar este comportamiento de respeto por nosotros
mismos en nuestra vida, la conciencia de unidad “coopera” con nosotros y
comenzamos a percibir una paz y una claridad mucho mayores en nuestro
entorno. Ya no representamos el papel del sacrificado/mártir o del
“amante incondicional” a costa de lo que sea, sino que transitamos
nuestro camino con las cosas claras y, por tanto, solo consentimos y
atraemos a nuestra vida aquello que va realmente con nosotros. En
realidad, se trata de pasar a la acción y olvidarnos de esa pasividad
victimista tan fomentada en muchos ámbitos espirituales. En este punto
es donde más claramente percibiremos cómo actúa la conciencia de unidad:
cuando nos permitamos ELEGIR lo que deseamos a nuestro alrededor y
dejemos de sentirnos culpables por no agradar o no ser lo que otros
esperan de nosotros. Y repito: puedo (y es aconsejable y empático)
comprender al otro (conciencia de unidad), pero no me enredo en su
historia y decido respetarme, poner límites y terminar la relación si no
existe resonancia. Recordemos que atraemos lo que somos. Y lo que somos
tiene mucho que ver con lo que permitimos y consentimos en nuestra
vida. ¿Qué estás dispuesto a consentir tú? Porque eso es lo que se te
repetirá una y otra vez hasta que no establezcas unos límites sanos y
tengas claro lo que realmente deseas en tu vida.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario