“¿Veis cómo los niños ven a los pájaros con asombro? Si les dices un
nombre pensarán que todos los pájaros son iguales, puesto que tienen el
mismo nombre”. (Krisnamurti)
En mi opinión, estar en un Camino de Desarrollo Personal requiere una atención distinta a la vida y, sobre todo, a uno mismo.
Si uno no sale de su rutina y no se permite investigarse,
experimentarse, y arriesgarse, o si uno no deja de pre-suponer, no
tendrá adelantos significativos, porque con la misma forma de mirar de
siempre seguirá viendo invariablemente lo mismo.
Este Camino es
muy recomendable hacerlo del modo que se denomina “Mirando con ojos de
Marciano”. Esto se refiere a mirar las cosas del mismo modo que las
miraría un Marciano que llega por primera vez a la Tierra y que, al
desconocerlo todo, al verlo todo por primera vez, tiene que hacerlo todo
con atención, comprobar, verificar, observar con detenimiento. Todo es
nuevo y lo ve sin ningún tipo de pre-juicio o condicionamiento.
Se comprueba entonces que las cosas son como son y no como nosotros pre-suponemos o creemos que son.
Es interesante aprender a ver las cosas y a las personas sin asociarlas a un nombre, a una idea, o a un concepto.
Las cosas y las personas nacen libres de adjetivos, y éstos no son
obligatorios. Son orientativos, pero a veces se convierten en
desorientativos, porque pueden estar mal adjudicados, caducados,
anclados, o muertos, y, en muchas ocasiones, muy mal seleccionados o muy
mal adjudicados.
Ver es el efecto de mirar, y mirar sólo produce
el hecho de ver objetivamente, y no los pensamientos ni los
enjuiciamientos que añade nuestra mente, que no nosotros, a lo que
estamos viendo.
Ver debiera ser un recreo, una observación sin
sentencia, recibir información acerca del objeto de nuestra atención,
pero sólo darse cuenta, sólo ver.
Pero, por lo visto, hace falta
esforzarse mucho, y ser capaz de renunciar a lo de siempre, para ser
capaz de ponerse ojos nuevos y ver.
Para Darse Cuenta y para
Descubrirse es imprescindible tener y usar la capacidad de eliminar lo
pre-concebido, por lo menos hasta que nos demos una oportunidad de
revisar algo de nuevo, para poder verificar si el objeto de atención es
realmente lo que pensamos que es, o estábamos errados en la creencia, o
ha sido capaz de evolucionar, o nosotros estamos evolucionando y somos
más comprensivos y benevolentes.
Cuando adjudicamos un adjetivo, o
una opinión, o un juicio con sentencia a una cosa lo dejamos unido a
esa cosa, pegado como una etiqueta, y en esa etiqueta leemos siempre lo
mismo; con el tiempo lo aprendemos de memoria y ya ni siquiera miramos
para verificar si realmente pone lo que creemos que pone, sino que ya y
para siempre, la cosa seguirá siendo lo mismo.
Si cuando
escribimos aquella etiqueta lo hicimos en un mal día, o en un momento
descontrolado de rabia, o desde la ignorancia y el error, o desde el
egoísmo, o desde un estado muy alterado y confundido de la mente, es muy
posible que la etiqueta esté mal adjudicada.
Si posteriormente
hemos ido dando pasos adelante con nuestra conciencia y nuestro corazón,
que se han ensanchado, y si nuestra consciencia está más alerta y se da
cuenta con más objetividad de las cosas, y si somos más comprensivos y
generosos con la actuación de los otros, es más que posible que tengamos
que renombrar las etiquetas o, mejor, arrancarlas y permitir el
crecimiento, nuestro y de lo otro, sin los límites que impone una
definición.
¿Cómo se aprende a ver?
Despojándose
totalmente de cualquier tipo de idea pre-concebida o cualquier
pre-juicio. Esto es imprescindible. Si no se cumple este requisito es
mejor no dar ningún paso, porque será un paso que nos llevará de nuevo
al mismo sitio donde estábamos.
Dándose la oportunidad de
comenzar de nuevo, tanto para vernos a nosotros como para ver a los
otros y como para ver las cosas tal y como son, con objetividad, y no
como nosotros creemos que son. Las que podamos verificar que son como ya
creemos que son se las deja de momento como estaban. “De momento”
porque es posible que tal vez sea conveniente más adelante volver a
revisarlas.
Mirando con los ojos del corazón y de la comprensión.
Todos los Seres Humanos que moramos en este mundo estamos perfectamente
capacitados para equivocarnos, para actuar del modo más incorrecto,
para no cumplir las expectativas de los otros ni las nuestras propias,
para tener miedo y no atrevernos, para dudar y dudar y dudar, para caer y
recaer. Les pasa a los otros y nos pasa a nosotros.
Amando. El
amor, cuando no se adultera, tiene la capacidad de escapar a los
pre-juicios y de aportar una forma justa de ver las cosas y de formar
una opinión equilibrada sin juzgar malintencionadamente las cosas.
Aceptando. De nuevo, viendo las cosas y las personas como realmente son
y no como cosas o personas que no cumplen nuestras expectativas. Si lo
aceptamos de este modo, ya no es necesaria la presencia de la rabia, del
odio, de la confrontación, de la desaprobación. Con un corazón más
grande y generoso, con una comprensión ilimitada, y aceptando la
realidad, todo pierde su agresividad y adquiere brillo.
Estas son las fórmulas para aprender a ver.
Ahora, a revisar, a experimentar, a comprender, aceptar, amar, y perder el miedo.
A implicarse en esta gran aventura que es la vida. Y a ver.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
martes, 30 de enero de 2024
APRENDER A VER EL DESARROLLO PERSONAL (Por Emma Fernandez)
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