Dale al otro la libertad de ser quien es. No trates de cambiarlo, de convencerlo... No lo juzgues. No lo aplastes con tu "saco" de creencias, verdades absolutas y "deberías". Trátalo como te gustaría que te trataran a ti.
Mantén a raya el ego espiritual que se cree superior y salvador. Y si luego no funciona, no funciona. Si no conectáis, no conectáis. Pero no lo avasalles con tus esquemas mentales. No existe mayor violencia que tratar de imponer en el otro lo que consideramos como "correcto".
Esta actitud resulta sumamente desagradable para el otro, y si la usas a menudo va a alejar de ti a multitud de personas que podrían aportarte cosas interesantes (aunque vuestra manera de pensar no sea idéntica). Respeta, y serás respetado.
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Javier López Alhambra
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