Nuestro miedo a la muerte, sólo es superado por nuestro miedo a la vida, a vivir, a lo desconocido, sin tener el control de casi todo, de no tener total seguridad, de vivir en la incertidumbre, de querer vivir fuera del cambio, de lo impermanente, de lo fugaz, incluso a veces fuera del tiempo, dentro de lo inabarcable, de la sensación de eternidad.
El ser humano por increible que parezca, encarna junto con todos los seres vivientes de nuestro planeta, la vida. El ser humano es la vida misma, en un nivel superdesarrollado.
Que sentido tiene, vivir una vida de forma inconsciente, o ser el ser más avanzado, el más evolucionado y despues actuar tan pesimamente con todo lo que nos rodea, que causa vergüenza ajena, que hasta un ser como un simple perro, es capaz de demostrar instintivamente, más amor, más fidelidad que muchos seres humanos.
Hemos puesto en manos de la razón toda nuestra vida. Hemos dejado a la mente que tenga el control de todo, algo impensable para aquellos que están poco a poco despertando su conciencia, porque ven claramente cuales son las extraordinarias facultades de la mente, y donde están sus limites, la mente no puede, no debe inmiscuirse en el terreno de quién tiene que dirigir nuestra vida, que no es otra que la conciencia.
La mente que nos tiene como hipnotizados, a la vez que dormidos, es la misma mente que no sabe evolucionar, que ha creado este estilo de vida tan consumista, con tan poca empatía con la naturaleza, con el prójimo, la que está en todas las épocas guerreando por imponer sus dogmas, por conquistar y colonizar nuevos territorios, la misma mente que actúa en nombre de Dios, que actúa dizque, bajo su autoridad y sus mandatos. Hemos avanzado en lo tecnológico, pero con esa falsa apariencia de modernidad, es la misma mente que aprieta el gatillo, que recluye en campos de concentración a todos los que discrepen, o sean de determinada condición, etc, etc, etc.
Tenemos la mezquindad de los seres que no han querido, no han sabido ir al encuentro del progreso material con el de una ética o una moral que desarrollen los valores de la conciencia. La mente acaba, donde la conciencia comienza y no al revés. La conciencia y la mente libre de lo egoico, tienen que funcionar como un todo, ninguna de las dos de estar fuera de esa unidad, siempre manteniendo su "orbita", su acción, en sus funciones específicas y generales, las que le son propias.
Una mente pura, sin contaminar por lo egoico, al servicio de la conciencia y de atender la necesidades que le son propias, es una mente que ayuda activamente al ser humano a evolucionar hasta donde le es posible, para permitir después a la conciencia realizar su labor de sublimar el pensamiento, de convertir el intelecto, la razón, y la lógica superior, en los aliados perfectos para nuestro desarrollo interno, y siempre acompañados de nuestra conciencia inspirada e intuitiva.
La mente y la conciencia, dos aspectos de la suprema inteligencia, dos columnas de nuestro templo interno. Una mente sin conciencia implica la falta de humanidad, de respeto, de tolerancia, de empatía. Una conciencia sin mente, es como vivir, sin plenitud, incompleto, como un ser mutilado. Es la mente con sus fantásticas facultades desarrolladas, la que hace de la conciencia algo divino, la quintaesencia de la Creación. Es una conciencia despierta la que hace de nuestra mente, un prodigio, un milagro.
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