¿Cómo es tu espacio interno?
¿Cómo es tu lugar de reposo y silencio?
¿Cómo es tu mente cuando la buscas como refugio?
Asegúrate que sea un lugar agradable, un lugar donde descansar, observar y agradecer.
Que sea un lugar acogedor para sanar tu visión, tu sentir, la interpretación de tus problemas de ahí afuera, en el mundo, en el exterior de tu cueva.
Que sea un espacio donde curarte desde la escucha, un lugar sagrado para oír el amoroso susurro que te ayuda a recordar quién en verdad eres.
Que tu cueva sea para fortalecerte y no para esconderte.
Que tu cueva ilumine tu camino de nuevo. Que no oscurezca tu fe borrando todo sendero de paz.
Quédate en tu lugar sagrado para reequilibrarte, recobrar confianza y el amor que crees haber perdido. Y después vuelve a salir al mundo para compartir los regalos que recibiste ahí adentro.
Que sea un lugar cómodo y seguro, pero no tanto como para no querer salir más. Ahí está el aprendizaje: no es un escondite en tu huída, sino un reposo en tu paseo.
No le temas a las cuevas, pueden parecer oscuras pero siempre se mantienen abiertas....al igual que tu mente.
Sonia Coll
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