Reflexiones mañaneras
“Yo mismo me crucifico”
Esta es una lección muy interesante y práctica de Un Curso de Milagros.
Se refiere a la forma en que “nos” hacemos sufrir.
Por ejemplo, tengo una amiga que está obsesionada con tener una relación de pareja “a su manera”.
Ha construido e idealizado en su mente la forma tanto de la persona como de la relación y convertido en un objetivo.
Así que como no se está dando pues compara su vida con la que le gustaría tener y ve carencia contínua-mente.
Se podría decir que es una “queja-andante”.
Esa idea de la relación se ha apoderado de ella por el valor que cree que obtendrá.
Se ha fabricado esa “cruz” y se ha subido y clavado a ella…
Es su mente la que cree que ahí está su felicidad “sí o sí” y no se baja de esa “cruz”.
Vive la vida “crucificada” en esa creencia y condicionada a ella.
Además olvida que desde la “necesidad y carencia” nunca podrá desarrollar vínculos de pareja sanos, ya que se relacionará desde la dependencia emocional y miedo a la pérdida, por lo que atraerá abusadores, manipuladores, etc, como así le ha ocurrido siempre…
La mayoría no somos tan diferentes.
El vacío existencial y la sensación de carencia es común en todos. Así que nuestra mente crea constante-mente objetivos para saciarse emocional-mente.
Nos crea películas mentales con el argumento de que alcanzado determinados objetivos seremos felices y nos lo creemos…
Los publicistas lo saben muy bien. Conocen a la mente humana y son expertos en mostrar en segundos toda una maravillosa historia de felicidad a través del objeto o experiencia que quieren que “compres”.
Y mayoría nos creemos lo que nos muestran.
Olvidamos que todo lo que parece contener el mundo para hacernos felices son “cruces” a las que nos subimos “voluntaria-mente” al creernos que tienen ese poder.
Así nos obsesionamos con un nuevo automóvil, casa, trabajo, viaje, pareja, “x” cantidad de dinero, cuerpo, fama, likes, reconocimiento y admiración externas, etc, etc, etc.
En realidad todo el mundo en sí es una Gran Cruz de sufri-miento pues “parece” que contiene valor o poder para hacernos felices.
Pero nada de lo que contiene perdura demasiado.
Todo es voluble, transitorio, efímero, y eso nunca saciará nuestra carente y necesitada mente.
Así que cuando descubres el engaño del mundo y la realidad de que nada ni nadie nos hará lo felices que anhelamos, entonces ya no te subes a ninguna mágica cruz de forma obsesiva.
Simple-mente uno se permite las experiencias que le apetezcan pero sosegada-mente. Sin idealizaciones, sin expectativas vanas, sin idolatrías ni obsesiones.
Uno ya aprende a identificar todas las cruces a las que el mundo y mi mente quieren que me suba y clave.
Y no pasa nada por subirse (por tratar de vivir tal o cual experiencia), no, claro que no.
Lo que no debo es “clavarme” a ella…
Buen día, amigos.
Kriss
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