sábado, 23 de noviembre de 2024

ALGO SOBRE EL AMAR Y EL AMARSE (Por Javier Lopez)

 

No amamos. Interpretamos el “papel” del amor, que es distinto. Amar no es “estar” con otra persona. O llevar un anillo. O haber tenido hijos. O que alguien esté pendiente de ti (o tú de alguien). O irte de crucero y “pasarlo bien”… Amar es mucho más. Y empieza por ti mismo. Como empieza por ti mismo, por tanto, no todo es amor, pues muy pocas personas se aman realmente a sí mismas. De hecho, la mayor parte de lo que se etiqueta como “amor” es realmente “desamor”, y equivale a necesidad, apego, adicción, apariencia, condiciones, contratos, acuerdos… La sociedad lo llama amor, pero es simplemente la manera de cubrir una carencia personal, un “debe” ante la sociedad, un “ya estoy salvado porque tengo aquí al lado a un ‘bulto’ a quien exponer y llevar de la mano”…
Si no te amas ni te aceptas, no hay amor en tu vida. Es así de simple. Y no, no puedes suplirlo con otra persona, porque la otra persona siempre te va a reflejar tu desamor. Por eso fracasan buena parte de las relaciones. Por desamor. Pero desamor de cada integrante respecto a sí mismo. El razonamiento “ya me amará/salvará alguien aunque yo no me ame” es bonito, muy Disney, pero no funciona. No es válido. Está destinado al fracaso. Luego está el problema de la obligación: si alguien no te ama, estás perdido. De modo que tienes que buscar enloquecida y obligatoriamente a quien te “ame”. Y si no te ama, da igual, el caso es estar bien ante tu familia y cumplir el expediente… Que vean que has “hecho tu vida”.
Pero es al contrario: eres tú el que estás perdido si no te amas. O si estás con alguien por apariencias o conveniencia. En esa búsqueda febril e inconsciente del “salvador”, te olvidas de ti mismo por el camino. Te encadenas a la aprobación del afuera y pasas a segundo plano. Hasta que llegas a ser una sombra. Un espectro sin alma, en una eterna búsqueda de esa aprobación y esa aceptación que tú nunca te diste, pues tampoco te la enseñaron. Por todo ello, solo empezarás a tomar color y a revivir cuando te ames. Cuando tenga más peso tu interior que el exterior. Cuando tus ideas estén claras (con menos pensamientos, menos obligaciones y menos apariencias). Que los que se tiran sonriendo por el precipicio no te engañen: la clave es tu propia paz, tu propia comprensión. Tu propia luz interior. Y a partir de ahí vendrá el amor (en forma de otra persona, o no). Porque ya habrá surgido en ti mismo.
.
Javier López Alhambra

No hay comentarios:

Publicar un comentario