jueves, 28 de noviembre de 2024

PUBLICACIÓN DE: Javier Lopez.

 

Uno de los aprendizajes más profundos que he venido realizando en los últimos años es soltar la necesidad de convencer a los demás de mi punto de vista, de mi experiencia, de mis opiniones… Esta es una parte muy dura para el ego, pues sentir que tenemos la razón y que estamos aquí para que todos piensen igual que nosotros es dulce y adictivo. Nos pone en una posición superior y de “control” sobre los demás. Nos da derecho a criticar, a juzgar, a obviar los aprendizajes y el proceso de las personas que se cruzan en nuestro camino. Y además nos da un falso sentido de identidad y de “salvadores” del mundo. Cuidado con frases inconscientes como estas: “Estoy aquí para salvar a la humanidad”. “Yo estoy despierto y los demás están dormidos”. “Nadie entiende nada, yo soy el único que ve la realidad tal y como es”… ¿Te suenan?
Aunque en cierto sentido es cierto que determinadas almas están en la Tierra para realizar una contribución a la conciencia, hay que andar con mucho ojo con cómo nuestro ego espiritual gestiona la situación y nos hace percibir a los demás. En el ámbito espiritual, es muy común que esta “contribución” se nos suba a la cabeza y pasemos a interpretar un papel: el papel de personas “conscientes”, que siempre están en lo correcto y no cometen errores. Claro, hemos venido de las Pléyades, o de Arcturus, o de Sirio, o de vaya usted a saber dónde… Y somos superiores, claro. Más listos. Más conscientes. Más evolucionados. No somos humanos (cuidado también con esta frasecita). Y, aunque en cierto modo puede haber mucho de verdad en todo ello, es importante que mantengamos al ego espiritual a raya y no nos obsesionemos con el papel de semillas estelares, almas índigos, cristales, arcoíris o cualquier otro tipo de etiqueta que nos lleve (si no somos del todo conscientes) a separarnos de los demás en lugar de aproximarnos a ellos.
Está bien que nos comprendamos y que busquemos nuestra esencia espiritual, nuestro “origen”, nuestras encarnaciones anteriores o multidimensionales… Está bien poder justificar de alguna manera nuestra infancia difícil o nuestra vida al margen de lo comúnmente aceptado. Está bien conectar con esos otros planos y sentirnos estelares, cósmicos, conectados con el Universo y con otras civilizaciones. Pero también es importante bajar a la Tierra y dejar de vez en cuando a un lado ese papel de “semilla estelar consciente, evolucionada y diferente a los demás”. Todas las personas que están en la Tierra son especiales. Vengan de donde vengan y tengan los aprendizajes que tengan. Todas forman parte de la Conciencia Universal. Duele. Lo sé. Queremos ser especiales y sentirnos superiores, salvadores, luminosos… Pero la verdadera conciencia está en lo que nos une, no en lo que nos separa. En la perspectiva amplia, no en la visión reducida, mediática y simplista. En la comprensión de la dualidad de este planeta, y de que más allá de ella, todos formamos parte de lo mismo. Ahí los papeles temporales ya no importan: ni semillas estelares, ni índigos, ni humanos terrestres, ni ángeles, ni seres galácticos… No, todos formamos parte de la misma unidad, seamos lo que seamos y nos identifiquemos con lo que nos identifiquemos. Reconocerlo habría de ser prioritario, pues sin esta conciencia volveremos al mundo dual y de separación una y otra vez: buenos y malos, conscientes e inconscientes, ángeles y demonios, de luz y de oscuridad…, perdiendo de vista que estableciendo esta división ya hemos comenzado a alejarnos de esa paz que decimos representar. Hoy te animo, pues, a que te abras a ver la vida desde lo que te une a los demás, no desde lo que te separa de ellos. A dejar tus verdades absolutas en el cajón y a conectar con la esencia de cada ser (que es la misma que la tuya). Te aseguro que tu paz interna aumentará y que ese papel de alma “especial” que muchas veces interpretas perderá fuerza y podrás verlo como lo que realmente es: un simple papel temporal que muchas veces (y aunque sea duro reconocerlo) te lleva más a la inconsciencia que a la conciencia.
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Javier López Alhambra

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