Reflexiones mañaneras
¿Cobardía o Amor propio?
Todos hemos hecho o dejado de hacer algo de lo cual nos hemos arrepentido.
Examinando el pasado surge una voz crítica en nuestra mente que nos juzga de cobardes y nos lleva a la culpabilidad y re-senti-mientos.
Más, ¿es así o fue todo lo contrario?
Pondré un ejemplo:
Tengo una buena amiga que tuvo una hija la cual falleció a los pocos meses de nacer. Un embarazo muy complicado dieron lugar a problemas posteriores y al trágico final.
La dolorosa experiencia más el alto riesgo de un nuevo embarazo la llevaron a decidir no intentarlo más.
Sin embargo y durante muchos años le pesó -y mucho- el no haberlo intentado.
Una parte de ella anhelaba haber sido madre sí o sí, y esa voz la juzgaba como “cobarde”.
Y ella se creyó lo que esa voz le decía, creando culpa y re-senti-miento como os decía antes.
Olvidó el proceso mental y AMOROSO que le llevó a decidir no volverlo a intentar.
En su momento su mente examinó los riesgos de un nuevo embarazo, la experiencia vivida con el primero, su dolor, sufrimiento, ansiedad,miedo, etc, y admitió no estar preparada para asumir una experiencia parecida.
Reconoció sus límites y decidió -a través de amarse y respetarse- no intentar una nueva experiencia para la que no estaba, ni preparada ni dispuesta a asumir riesgos.
Aunque ella no recuerde ese proceso mental sin duda que lo hizo así.
Pero como todo en la vida -y en nuestra mente- tiene sus dos caras.
Una parte de mi amiga anhelaba ser madre. Había pues una guerra entre sus dos “Yo” y su “programa madre” atacaba la decisión tomada.
Y para ello utilizaba una argucia mental de la que el ego es especialista para llevarnos al sufri-miento.
Y sí, lo pongo con guión para haceros ver que está basado en una mentira.
Me explico:
Cuando nos arrepentimos de una decisión, en la mayoría de los casos el sufri-miento y la culpabilidad surgen por idealizar y comparar nuestro presente de carencia con lo que hubiera sucedido de habernos atrevido.
Es esa comparación la que nos amarga, ya que decidimos creer que todo hubiera sido maravilloso.
Pero en realidad NADIE sabe lo que hubiera ocurrido de haber tomado la decisión de la que ahora nos quejamos no haber tomado.
Mi amistad comparaba el presente de su decisión (no haber intentado más embarazos) con la película mental idealizada y maravillosa que se contaba y creía que hubiera sucedido si hubiera sido “valiente”.
Por eso se sentía “cobarde” y se auto-culpaba de su decisión (amorosa consigo misma, no lo olvidemos).
Conseguimos a base de muchas conversaciones y tomas de consciencias que se centrara en su Yo de entonces que decidió asumir sus límites y miedos y que por ello se amó, respetó y tomó la mejor decisión que su estado mental le permitió.
Ese es el mensaje de la segunda imagen que os comparto.
Usar esta reflexión para sanar esa culpa y re-senti-mientos propios por no haber tomado otras decisiones.
Recordar que uno SIEMPRE toma la mejor decisión que cree posible y olvidar toda esa vida idealizada que os contáis y creéis y que es lo que os hace sentir desgraciada-mente…
Buen día, amigos.
Kriss
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