Viene de la 1ª parte. Cerrábamos la 1ª parte hablando de los extremos y continuamos en ello, está el fuego y el hielo, dos extremos de temperatura,
pero también existen temperaturas intermedias que es donde se desarrollan la
mayor parte de las formas de vida.
La
mayor parte de las asociaciones y formas religiosas,
solo nos presentan los dos extremos posibles, una felicidad absoluta,
ilógica y para mi entender
inalcanzable para los seres humanos a la que llaman cielo o gloria, y la otra
opción es un lugar de martirio para siempre al que llaman infierno.
Por alguna razón,
ajena a toda realidad espiritual que se pueda relacionar con Dios, les interesa
a dichas formaciones religiosas que las gentes se lo crean, obedezcan y no
hagan preguntas molestas, suelen decir: lo dijo el profeta que nos visitó hace siglos, o lo dice el libro “tal” que valla usted a saber quien lo escribió y las modificaciones que le han hecho, pero claro está que lo que dice el libro va a
misa y punto.
Voy a explicar a continuación en que me baso para haber
llegado a estas conclusiones.
Todos
podemos observar que en este mundo existen algunas
personas extremadamente malignas y perversas, y por el contrario también
las
hay muy buenas o casi santas, pero ambos extremos suman una minoría, el
grueso de la sociedad esta formado por personas con un poco de todo, o
de término medio, con sus
virtudes y sus errores, si creemos en un Dios justo y que representa el
Amor en
su grado mas elevado y puro, no podemos concebir que las almas de escala
media
y aproximadas, tenga que vivir eternamente las mismas condiciones de mal
o de
bien que las extremadamente perversas o santas.
Observando la Obra Maestra de la Creación, estoy seguro de
que para cada cuál existe un lugar con las condiciones y características precisas y
apropiadas al nivel de cada Ser (alma y espíritu) según su condición.
Tampoco estoy para nada de acuerdo, con la gloria eterna o
el infierno eterno, si los humanos no condenamos eternamente a nadie por
cualquier delito, mucho menos lo haría Dios que representa la justicia y la
misericordia, a todo delito, pecado o violación a las leyes divinas y
naturales, cuenta con un tiempo estimado para compensar, comprender y superar los
errores que arrastraron a cometer dichos actos, y de nuevo la misericordia
divina les concede nuevas oportunidades, para que puedan demostrar que han
superado esa condición de ignorancia o maldad que les hacia quebrantar las leyes y actuar
en error.
Sumando lo que siento e imagino, a toda la información
recopilada de fuentes externas, he llegado a las conclusiones siguientes:
Tantos lugares y condiciones de las múltiples e infinitas
formas de todo lo creado, posee su igual en otra forma, o modo, o dimensión o
como se le quiera llamar, que es donde se desarrolla la vida de las almas
desencarnadas, o dicho mas a lo bestia, “el mundo de los muertos”.
Cuando nuestra alma le toca venir a este mundo físico,
necesita un cuerpo humano que le permita tener realidad, percibir y llegar a
conocer y controlar lo que le rodea, y a través de la actividad atender sus
propias necesidades y las comunes o sociales.
Cuando nuestro cuerpo físico se deteriora y deja de
funcionar, tenemos que abandonarlo y regresar al mundo del cuál veníamos, con
la diferencia de que si hemos hecho bien los deberes, y cumplido con el
programa de realización asignado y aceptado, nuestra alma habrá crecido en conocimiento,
capacidades, aptitudes, posibilidades, etc., dicho progreso propicia una modificación
energética en nuestra alma que la hace mas sutil, brillante, luminosa, etc., y
esta modificación le permite un ascenso en la escala de ubicación en el mundo
de las almas.
Hablemos un poco de esa dimensión desconocida, o mundo
donde habitan las almas cuando no están encarnadas.
Cada planeta o mundo físico consta de sus partes sólido
líquido y gaseoso, y de muchas otras realidades formadas por diferentes tipos
de energía, en diferentes estados y formas, como por ejemplo, la gravedad, las
temperaturas, y una innumerable cantidad de frecuencias vibratorias producidas
por los minerales, vegetales, animales y personas, que actúan como emisores y
receptores de intercambio y comunicación de energías con el resto del cosmos.
Para cada realidad existe su lugar, su espacio con sus
características apropiadas, cada pensamiento, sentimiento o cualquier otra
realidad, son energías codificadas y transformadas en frecuencias vibratorias
que ejercen influencias y originan efectos en la creación, y existen lugares de
clasificación y almacenaje, en tanto no se transforman o extinguen a través del
tiempo.
Cada vez que estamos pensando, sintiendo y actuando,
estamos originando efectos y consecuencias, que aparte de afectarnos de forma
mas o menos directa e inmediata en nuestro diario vivir, afecta también a ese
lugar asignado a nuestra alma cuando tenga que abandonar el cuerpo físico, por
eso Jesus de Nazaret dijo: En la cama que hagas, en ella descansaras.
Cada
dimensión de la naturaleza se rige a través de sus
leyes, y la ley que determina la ubicación o lugar donde cada alma se
sitúa, es
la ley de afinidad vibratoria, ley de densidad, ley de los pesos
específicos,
etc. y en ningún momento ni por ninguna razón es determinado por algún
ser humano, aunque sea fraile, cura, obispo, o de otro rango superior,
es la Madre Naturaleza mediante sus Leyes Universales quien en su
perfección cuenta con los mecanismos adecuados para que según nuestro nivel de progreso y vibración nos hubicamos de forma automática en la zona que
nos corresponde.
Al igual que el agua y el aceite no se pueden mezclar
porque poseen densidades y pesos diferentes, con nuestras almas en el mundo de
los desencarnados ocurre un tanto igual.
Imaginemos que ese mundo es como un edificio cuya altura
es ilimitada, y posee tantas plantas como seres humanos o niveles de conciencia
existen, la parte de abajo le vamos a llamar infierno, y es el lugar de
ubicación de todo lo peor, y la parte de arriba le llamamos gloria o cielo y es el
lugar de ubicación o hábitat de las almas más puras, santas o selectas.
La misericordia y el Amor Divino permiten que cada Ser,
con su pensar, sentir y actuar, vayan creando las condiciones energéticas que
lo van sutilizando o densificando y que su realidad energética final será quien
le ubicara en el nivel o planta del edificio al que nos referíamos.
Por supuesto en el
nivel inmediato superior, habitará alguien un poquito mas aventajado, y en la inmediata
inferior alguien un nivel inferior en cuanto a progreso se refiere.
Cada uno de los seres humanos, poseemos nuestro infierno y
nuestra gloria particular como extremos, y por supuesto el espacio que los
separa, que es donde mas tiempo se vive habitualmente.
Hay personas muy extremistas que pasan de la alegría a la
tristeza, de la risa al llanto, de estados de felicidad eufórica a estados de
angustia, abatimiento, desolación, etc., y lo hacen sin apenas detenerse en los
lugares intermedios de equilibrio, las relaciones sociales con este tipo de
personas, son difíciles de establecer y mantener, porque o estás con ellas o
estas en contra, no existe la aproximación y términos medios a través del
entendimiento y respeto por las diferencias ajenas.
Estas personas como viven en sus extremos, y lo que se
ejercita es lo que se desarrolla, poseen un recorrido largo y distante dentro
de la escala vibratoria del mundo de las almas desencarnadas.
El progreso de una persona, salvo casos particulares, no
suele ser en equilibrio, casi siempre tenemos mas adelantado algún frente
determinado, por ejemplo, puede que seamos muy pacientes pero seamos perezosos,
o seamos amables y avaros o codiciosos, etc., quiere decir que en algunas de
las virtudes que te elevan y engrandecen a nivel espiritual, social o personal,
vamos muy sobrados, pero en otras vamos retrasados, esto motiva que depende del
momento, el estado de ánimo y las circunstancias, dentro de esa escala de
ubicación, estaremos oscilando, un poquito mas para arriba o para abajo, de la
misma forma que aquí en la vida física también tenemos nuestras oscilaciones en
cuanto a ánimo, alegría, humor, a veces estamos amando, otras veces envidiando
o cabreados etc., somos la misma persona pero de un momento a otro, nuestro
carácter o aspecto psicológico puede cambiar.
El nivel mas elevado que somos capaces de amar y sentir
deseos de bien y felicidad, tanto hacia dentro de nosotros como hacia fuera,
significa también el nivel mayor de nuestra gloria o cielo particular, y fija
el punto mas elevado al que podemos llegar en ese momento en el edificio que
habíamos imaginado.
Y por el contrario el nivel mas bajo al que podemos llegar
a través de las envidias, codicias, malquerencias y todo deseo de mal, hacia
nosotros o hacia los demás, significa nuestro infierno particular, y también
nos sitúa en la planta correspondiente dentro del edificio que une el infierno
con la gloria.
Comprendemos pues, que según lo que nuestra alma esté
viviendo, en pensamiento y sentimiento, le hace ascender o descender niveles, y
siendo la misma, a veces estará mas cerca de la gloria, y otras veces lo
contrario.
Continúa en la 3ª Parte saludos.
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