miércoles, 17 de septiembre de 2025

LA LUZ INTERIOR (Por Laura Jeannette Higuera)

 

Todos llevamos cicatrices invisibles y rincones donde la vida parece pesar demasiado, pero bajo esa aparente fragilidad existe algo que no puede quebrarse, una chispa eterna que arde en silencio y nos recuerda que somos mucho más que nuestros tropiezos. Esa esencia, intacta y luminosa, no se mide en aciertos ni se extingue con los errores; permanece aguardando el instante en que nos atrevamos a reconocerla.
En el corazón, más allá del miedo y de las dudas que se despliegan como sombras, palpita una luz callada, inmensa y sagrada, que no depende de las circunstancias ni de los juicios, porque simplemente es. Esa luz interior no se apaga ante la tormenta, al contrario, aguarda con paciencia a que decidamos mirarla de frente y reconocer en ella nuestra verdad. Cuando se enciende en presencia de otro ser, ocurre un encuentro que trasciende los sentidos, la distancia se desvanece, el tiempo se detiene y el alma se sabe acompañada en un universo que respira con nosotros.
El verdadero desafío no es buscar afuera lo que creemos perdido, sino recordar que lo llevamos dentro desde siempre, como semilla de eternidad. Hay momentos en que parece esconderse, sofocada por el peso de las decepciones o el ruido del mundo, pero incluso entonces permanece, ardiendo en silencio, esperando a que confiemos en su inquebrantable constancia. Sostenerse en esa llama es elegir la vida íntegra, es caminar sin máscaras, abrazar la vulnerabilidad y reconocer que detrás de cada temor existe un umbral hacia la grandeza. Cuando somos fieles a nuestro resplandor, este se expande sin esfuerzo, ilumina nuestras palabras, impregna nuestras acciones y convierte cada instante en un gesto de amor.
Esa luz no exige perfección ni reniega de nuestras sombras, porque al integrarlas se vuelve aún más pura. Es brújula, santuario y verdad, recordándonos que no estamos hechos de carencias, sino de infinitud. Vivir en ella es la forma más alta de libertad, sabernos completos, reconocer lo eterno en lo efímero y comprender que, cuando compartimos nuestro brillo, el universo entero se enciende con nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario