Muchas personas dicen:
Freud observó algo incómodo:
Cuando te enamoras, colocas al otro en un pedestal.
Lo ves casi perfecto.
Minimizas defectos.
Maximizas virtudes.
Freud llamó a esto una forma de idealización narcisista. No amas solo al otro.
Amas lo que proyectas en él o ella.
Amas cómo te hace sentir.
Por eso el enamoramiento es intenso, eufórico, absorbente.
Pero también frágil.
Está sostenido por fantasía.
El amor, en cambio, comienza cuando:
Cuando aparecen límites.
Cuando ves defectos reales.
Cuando el otro deja de ser perfecto… y aun así eliges el vínculo.
Freud señalaba que el enamoramiento disminuye cuando la fantasía se rompe.
Y ahí pasa algo clave:
• O termina la relación.
• O comienza el amor más maduro.
La idea incómoda es esta:
El primero dice: “Eres perfecto.”
El segundo dice: “Eres humano… y aun así te elijo.”
No son enemigos.
Son etapas distintas.
Pero confundirlos genera desilusión.
Porque nadie puede sostener una fantasía para siempre.
Y cuando el deseo sobrevive a la caída del pedestal… ya no es solo enamoramiento.
Es amor con los ojos abiertos…
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