domingo, 22 de febrero de 2026

ESENCIA FEMENINA (Por Un Rincón del Alma)

 

Uno no se enamora de una mujer en particular, uno se enamora del espíritu femenino en general. No son sus caderas, sino su forma de caminar; no son sus ojos, sino su mirada; no son sus palabras, sino su voz.
Poco a poco la vida, a fuego lento como los buenos guisos, va haciéndonos entender que el envoltorio puede ser importante, pero el contenido siempre es esencial. Existen sin embargo, alimentos de imposible cocción que, aun presumiendo de edades que bien podrían aventurar buenos caldos de sabia experiencia, no son más que un puro espejismo, el cual revela a personas cegadas por el brillo del beso, pero sordos al sonido del aliento.
Hombres que van al placer como quien se somete a un hábito más ignorando, u olvidando, y a consecuencia vulgarizando, que la unión de dos pieles es una fuente clara cuando se afronta desde el agrado sobrio, pero que se transforma en un océano al abordarla como lo que realmente es: un regreso al origen.
Más que su risa, los pliegues que ella produce. Más que sus manos, las caricias que sabe ofrecer. Más que sus pechos, el sustento que alguna vez fueron o serán. Cuando alguien se enamora de este modo comprueba que no hay silicona, tinte, colágeno o maquillaje suficiente que impida trascender el envase hasta alcanzar la carne misma del alma femenina que, al sentirse desnudada, se rinde y entrega de la manera en que sólo se entrega la verdad: sin condiciones, desde dentro y en su infinita totalidad.

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